viernes, julio 01, 2005

Una segunda oportunidad

Por Guadalupe Gómez

“Con el oído musical y la voz se nace”, explica Donna Caroll acerca de sus condiciones musicales. Impecable, muy maquillada y cuidadosa en sus ademanes esta artista, con más de cuatro décadas como cantante, parece ser parte de una constante puesta en escena.

Cuando era pequeña, en su casa la música estaba prohibida. Por eso, nadie comprende de quién heredó el talento que ya a los cuatro años le permitió brindar su primer concierto de piano en el internado donde vivía porque sus padres se habían separado.

Si bien, su adolescencia y juventud estuvieron signadas por la rigidez y la severidad de una educación árabe-siria que la condenaba a la frustración, el destino quiso que tuviese su revancha. A pesar del fuerte impacto que significó en su vida el paso por el internado, la familia que lo manejaba le abrió el camino de las melodías. “Todas las noches nos hacían escuchar música clásica y me enseñaron a tocar el piano”, recuerda. Ya casada y con hijos, el nuevo marido de su madre también ejerció una importante influencia sobre su definición musical: gracias a él descubrió el jazz y se presentó a su primer audición.

A los ocho años, su profesora de piano le sugirió que tomara clases con Hansel Brandenburg, un reconocido maestro de la Argentina. Entonces, un poco conmovido por aquellas palabras y otro tanto en contra de sus propias convicciones, su padre aceptó. Con él permaneció hasta los once años, cuando Brandenburg recomendó que la enviaran a París para estudiar con Antoine Alderinlonge -uno de los mejores profesores de piano en el mundo- pero su papá se opuso. “No sólo me prohibió seguir concurriendo a las clases sino que me vendió el piano. Fue como si me hubiese cortado las manos. Pero no lo hacía de malo, estaba convencido de que era por mi bien”. El sueño de su padre era verla convertida en una ama de casa y señora de un poderoso marido, tal como dictaban sus ancestros. Y así fue. Todavía era una adolescente de 17 años cuando le presentó al hombre con quien se casaría -cuyo nombre mantiene en el anonimato-. Ese matrimonio, previamente convenido, sólo duró hasta 1966. Ese año se separaron.

Una vez casada, Donna se trasladó a Miami, donde su marido era presidente de su propia compañía de aviación. Allí permanecieron hasta que, a principio de los ‘60, la empresa quebró y debieron regresar a la Argentina, ahora, además, con dos hijos. Hasta entonces, nunca había trabajado pero en 1963 la necesidad de salvar a su familia de la quiebra económica se lo impuso.

Impulsada por el esposo de su madre, el 15 de noviembre se presentó a una audición en la que fue elegida para participar en Show Noventa, un programa que estaba por salir al aire en Canal 11, y no se detuvo más. Hoy, por ejemplo, es invitada todos los años en dos programas de TV en Nueva York. Además, ha realizado giras nacionales e internacionales por Latinoamérica, Europa, Estados Unidos y África. Su fuerte siempre fueron el jazz y el bossa nova, aunque también grabó, por ejemplo, temas folklóricos y de rock.

Donna domina el inglés: habla, escribe, traduce y canta. Su manejo del lenguaje le permitió, entre otras cosas, convertir a ese idioma las letras de algunos tangos tradicionales como El día que me quieras y Nostalgias, entre otros. Según explica, “no son traducciones literales sino versiones basadas en la idea que los compositores quisieron transmitir”.

Este proyecto, que se concretó en 1998, no sólo la contactó con autores argentinos clásicos sino que le abrió el espectro laboral. A partir de abril del año siguiente, fue contratada por la cadena de cruceros Royal Caribbean Celebrity para ser el show principal. Así, que duró hasta septiembre de 2001, recorrió el Mediterráneo, el Caribe, las costas africanas y Chile.

Hoy, está casada desde 1969 con Oscar López Ruiz, con quien además de compartir el escenario y los aplausos administra su propio negocio inmobiliario.