viernes, julio 01, 2005

Marina Nill, escritora

Por Nady Rivas

El reencuentro con mi amiga se produjo por esas providencias de Internet, después de años sin contacto. De a poco nos pusimos al tanto de nuestras vidas y así recibo la maravillosa noticia: la publicación del primer libro: “Llamaradas de Recuerdos, ella sueña cosas que no vivió”.

A los 30 años, Marina Nill concreta su más anhelado sueño: escritora, materializado en el arduo trabajo de redacción, correcciones y cursos que moldearon la historia. Oriunda de Resistencia, no alcanza el metro setenta, su cuerpo es armónico, delgado, cabello castaño oscuro que rozan sus hombros, ojos marrones lucen sobre la piel blanca; aunque descendientes de alemanes, no es la popular rubia de ojos azules.


Nos conocimos en el ‘92 en la carrera de comunicación social, en el transcurso de los meses iniciales y entre animadas charlas durante las horas de recreo, fuimos sentando las bases de la amistad.

La primera vez que visité su casa –diseñada por su padre arquitecto-, me impactó un cartel grabado en madera con la leyenda “Marina Nill escritora”, adherido a la puerta de su habitación, (las alcobas están distribuidas a la izquierda de un pasillo). Recuerdo haber observado con honda admiración aquella sentencia –ya sabía de sus profundos deseos de escribir, soñaba con editar un primer libro y otros más. La máquina de escribir corría con la presión que ejercían los ágiles dedos que se movían a la velocidad de sus ideas, es que en aquellos años, recién se abrían academias de computación con el viejo sistema MSDOS y pocos podían adquirir una PC para uso doméstico.

Cinco años después nos reunimos en varias ocasiones y soy testigo de las presentaciones del libro y difusión en los medios locales. En la última visita, mientras charlamos, cruza sus piernas, mueve delicadamente sus finas manos que terminan en uñas que se rehúsan a lucirse más allá de los límites de los dedos. A su izquierda queda el monitor titilando sobre un escritorio que alberga libros, papeles, carpetas de recortes periodísticos. Al rato, me muestra una carpeta que documenta el proceso de más de 10 años de trabajo de su libro originariamente llamado “Lucretia”. Rememoramos aquellas primeras copias de producción artesanal: original mecanografiado, fotocopias encuadernadas, tapa y contratapa diseñada por sus propias manos. Las limitadas ediciones iniciales distribuidas a un módico costo entre compañeros de carrera, amigos y familiares.

“Llamaradas de Recuerdos” es el producto final de correcciones y arreglos a la historia original de “Lucretia”. El libro aparece en una librería pero el mérito de la existencia le corresponde a Marina y su infranqueable actitud que la mantuvo por más de un año en los pasillos de la Universidad Nacional del Nordeste -en cuyo taller se imprimieron los ejemplares- y ante personas que aportaron para la edición.

De alguna manera, la historia y principalmente, Julia -la madre de la niña protagonista-, imprimen sentido al crecimiento espiritual de Marina y así lo manifiesta en el prefacio “Fui una más del montón durante veinticinco años, supongo que porque, hasta entonces, jamás había tenido necesidad de buscar otras respuestas (…) Terminé encontrando un Universo Superior; tan superior, que apenas llego a rozarlo con la punta de los dedos”.