viernes, julio 01, 2005

Ernesto Sabato, el hombre

Por María Lilia Santiá

Los valores humanos, sus emociones, sentimientos de arte o de justicia, su angustia frente a la muerte, son hasta hoy, los que lo mueven a actuar.


Ernesto Sábato, nació un 24 de junio de 1911, en Rojas provincia de Buenos Aires. Este hombre de bigote, cabellos canos y anteojos, recuerda que en esa, la tierra de su niñez, todavía se conservaban valores, que hoy están casi olvidados, como la honestidad, el honor el respeto por los demás.

Hizo su doctorado en física y cursos de filosofía en la Universidad de La Plata.Lugar donde se conoció con Matilde, su esposa. Matilde Kusminsky Richter.

Cuando enseñaba Teoría Cuántica y Relatividad en la Universidad de La Plata, tuvo como alumnos a Balzeiro, que dio nombre al centro atómico de Bariloche y también a Mario Bunge.

En 1938 fue enviado a Francia, donde trabajó en el Laboratorio Curie como becario.

En las noches se juntaba con poetas y pintores surrealistas. Allí tomo contacto con el mundo del arte.

Así en 1945 deja la ciencia para dedicarse a la literatura.

Recuerda que entonces, se fue a vivir con su mujer y su hijo Jorge Federico, a las Sierras de Córdoba, conoció entonces a un médico que visitaba unos parientes y que era nada menos que el Che Guevara.

Escribió varios libros de ensayo: Uno y el universo, Hombres y engranajes, El escritor y sus fantasmas, Apologías y rechazos.También tres novelas: El túnel, Sobre héroes y tumbas y Abaddon el exterminador.Sus memorias en Antes del fin y por último, La resistencia.

En 1983 fue elegido presidente de la Comisión Nacional que investigó las violaciones de los derechos humanos, CONADEP, por parte del régimen militar que gobernó el país de 1976 a 1983, de la que surgió el libro Nunca Más, conocido también como el Informe Sábato.

En 1984 obtuvo el Premio Cervantes y en 1989 el Premio Jerusalem.

Opina que la televisión es el opio del pueblo, modificando la frase de Marx. Realmente lo cree. Uno, sostiene, va quedando aletargado delante de la pantalla y aunque no encuentre nada de lo que busca, lo mismo se queda ahí, incapaz de levantarse y hacer algo bueno. El estar monótonamente sentado frente a la televisión , anestesia la sensibilidad, hace lerda la mente, perjudica el alma.

Sobre la infancia actual, piensa que los niños idiotizados por la televisión, ya no juegan en los parques.

Considera que el mundo de la técnica y la informática, es solo accesible para algunos pocos, quedando entonces, el resto irremediablemente excluído. Así la educación se convierte casi en un privilegio.

Fue golpeado duramente por la muerte de su hijo Jorge.Quedó abatido por una tremenda tristeza. Pero en esos momentos, sentía el sostén de Elvira. Elvira González Fraga, lo cuida acompaña y apoya por la vida, convirtiéndose en una de las personas más queridas para él .Ella también acompañó a Matilde durante su larga enfermedad, hasta su muerte.
Con su vista deteriorada que le impide leer y escribir, se volcó a otra pasión, la pintura .Cree que el arte lo salvó de la locura.

Piensa que el hombre, es capaz de las peores atrocidades, pero también de los más grandes y puros heroísmos.

Acostumbra a celebrar su cumpleaños donde vive, en Santos Lugares, en una casa con plantas. En cada ocasión su festejo lo comparte con gente querida donde infaltablemente, se sirve chocolate caliente.