viernes, julio 01, 2005

En el país de los ciegos el tuerto es rey

Por Marcela Flury

“Geppetto” demostró ser un carpintero agudo y sagaz que supo crear a “Pinocho”, una marioneta hecha a su imagen y semejanza, que conquistó nuevos adeptos y fieles.

Tiene una mirada hipnótica, de la que nunca se sabe, exactamente, dónde apunta pero, de la que todos esperamos algo. Prepara el guiño para salir por izquierda y después toma rumbo a la derecha.

Es un gran jugador, explora el terreno, acomoda las piezas, planifica los pasos, abre varios frentes y, como todo estratega, impone las reglas del juego.

Los vientos del sur helaron el debate de ideas y dominaron los índices, encuestas y resultados como parámetros, para que el ex gobernador santacruceño se convierta en un iluminado.

El caudillo de esa provincia se evaporó en un baño “turco” entre negociaciones, repartos y beneficios que compartió con compañeros y rivales por una cuota de poder.

Para entonces, a pesar de su pronunciada nariz, pocos se atrevieron a preguntarse o preguntarle sobre la modificación de la constitución provincial que lo habilitó a ser reelegido nuevamente.

Menos aún, sobre su apoyo a Menem, en la privatización de las empresas del Estado. Entre ellas, Repsol YPF que fue beneficiada por no tener que liquidar en el mercado interno el 70% de las exportaciones.
Ni hablar del dinero con el que financio su campaña electoral como presidente y los cientos de millones de dólares de fondos públicos que fueron destinados a otras entidades financieras en el exterior.

“Pinocho” nos recordó que “el sur también existe”: el cordero patagónico, el glaciar, las ballenas y los pingüinos.

El agua helada congela las ideas y sus declaraciones están llenas de escarcha, como una alfombra que no permite divisar el fondo, donde los derechos humanos del presente se encuentran relegados.

Una luna de miel nos encontró desnudos tras una borrachera adolescente. Entonces, inmaduros, dimos vuelta la casa de pies a cabeza. Las paredes descascaradas fueron recubiertas con enduido, luego, vestidas con una mano de pintura. Entre tímidas reformas, como la renovación de una parte de la corte suprema, los cambios en la cúpula militar, el impulso para declarar la nulidad de las leyes de punto final y obediencia debida, tratadas en el 2002 pero que habían fracasado por falta de quórum, “Pinocho”, ganó legitimidad y conquistó a la clase media que reclamaba por “que se vayan todos”.

Lejos de los reclamos del 19 y 20 de diciembre, la clase media que se estabilizó y reactivo económicamente sede una cuota de confianza, de querer creer y de fe. Por eso no mira la nariz de “Pinocho” como, tampoco, mira los problemas de pobreza, la mala distribución del ingreso que siguen afectando al 50% de la población. No mira, no cuestiona, quizás compara, compara con otras marionetas que han sido más conservadoras, más extremistas, más impiadosas, implacables.

“Pinocho” abrió varios frentes, dividió, fragmentó y ganó el guiño, mientras todos creemos ir por izquierda, el se desvió a la derecha pero todos sus hilos lo mantienen en pie.