viernes, julio 01, 2005

El hijo de los bosques

Por Verónica Guevara

Año 1944, mientras Anna Frank es conducida al campo de concentración nazi en Auschwitz, en una misión aérea muere Antoine de Saint Exupery, el creador de El Principito, y en Argentina el terremoto de San Juan se lleva la vida de más de dos mil personas… en otro rincón de la tierra el Amazonas estaba por parir a su hijo más amado: Francisco Alves Méndez Filho.

Chico Méndez nació en las proximidades de la ciudad de Xapuri en el estado de Acre, en el oeste de Brasil. Hijo de una familia de extractores de caucho, se formó en una cultura de respeto a la naturaleza. De niño ayudaba a su padre en la obtención de caucho en la selva tropical de la cuenca amazónica, y no pudo ir a la escuela.

Se interesó no sólo por la agricultura, sino también por la suerte de los caucheros, estafados hasta el hartazgo por comerciantes que se aprovechaban de su ignorancia.

Siendo adolescente, entró en contacto con miembros del Partido Comunista, quienes lo alfabetizaron, y a los 24 años comenzó a criticar abiertamente el sistema comercial vigente.

En la década de 1970 el gobierno brasileño inició la construcción de carreteras en la selva tropical amazónica. Esto atrajo al sector ganadero, que comenzó la tala del bosque para crear zonas de pasto destruyendo los árboles de caucho. Faltos de organización, los caucheros no pudieron evitar el desastre.

En 1977 Méndez participa en la creación del Sindicato de Trabajadores de Xapuri, del que más tarde fue presidente. Allí se dictaban clases de educación básica y se estableció el Projeto Seringueiro, un programa que alentaba a conocer y defender el bosque tropical. Se crearon cooperativas que redujeron la influencia de los comerciantes permitiendo la venta del producto a precios más elevados.

A pesar de los derechos adquiridos, la comunidad continuaba bajo la amenaza de explotación de grandes multinacionales, como Firestone y Peugeot, y frente a ellas Chico, pacifista, inmutable, realizaba sus empates. El empate era una forma de protesta no violenta en la que
los caucheros formaban barreras humanas para impedir el acceso de los taladores a los bosques. Entre 1976 y 1988 más de cuarenta empates salvaron a 1,2 millones de hectáreas.

Un año antes de su muerte convenció al Banco Interamericano de Desarrollo y al Comité de Consignación del Senado de Estados Unidos de no financiar proyectos en el bosque tropical amazónico sin garantizar el respeto al medio amiente y a las comunidades indígenas.


Era blanco de continuas amenazas, a las que respondía: "Si un mensajero del cielo bajara y me garantizara que con mi muerte se fortalecería la causa, merecería la pena. Pero la experiencia nos demuestra lo contrario. No es con grandes funerales y con mociones de apoyo como vamos a salvar el Amazonas. Yo quiero vivir".

Cuando Alves da Silva compró la hacienda en la que Chico había trabajado e intentaron expulsarlo, un nuevo empate logró que el gobierno declarara al terreno reserva extractora. Esa fue su sentencia de muerte.

El 22 de diciembre de 1988, Chico Méndez fue asesinado en la puerta de su casa tras recibir 21 impactos de bala. Estaba casado y tenía dos hijos. Alves y su hijo Darci fueron acusados del crimen y condenados a 19 años de prisión.

Hoy varios espacios naturales de Brasil llevan su nombre y su casa de Xapuri ha sido transformada en museo. Su vida inspiró la canción “Cuando los ángeles lloran” del grupo mexicano Maná, la película de John Frankenheimer “The burning season”, y el premio “Chico Méndez”, que entrega la Organización Sierra Club a individuos u organizaciones no gubernamentales que luchen por la protección del medio ambiente.

"Al principio creí que luchaba para salvar los árboles del caucho. Mas tarde pensé que lo hacia para salvar la selva amazónica. Ahora sé que estoy luchando para salvar a la humanidad..."