viernes, julio 01, 2005

El día que me quieras

Por Kary López

Dicen que Carlos Gardel, nacido Charles Romuald Gardés el 11 de diciembre de 1890, pasó su infancia y adolescencia en el barrio del Mercado de Abasto, donde lo apodaron, primero, "El francesito" y, luego, "El Morocho del Abasto". Allí se refugió Berta con su hijo Carlitos, de dos años, cuando llegó a Buenos Aires en 1893 huyendo del oprobio de ser madre soltera. Primero vivieron en una piecita de conventillo en Uruguay 162. "Si habré hecho macanas cuando vivía en esa casa, pobres vecinos", solía decir Gardel. Entonces, nadie soñaba con patios de comidas, multicines o locales vidriados. El Abasto era un antro de calles de tierra, fondas, tugurios de juego y comités políticos.

El zorzal criollo empezó a cantar a los 17 años y pronto se convirtió en cantor habitual de reuniones y cafés. En 1911, con casi 21 años, conoció al uruguayo José Razzano, con quien formó un dúo de canciones criollas, conocido como "El Morocho y el Oriental". Fue el primer cantor oficial de tangos, al estrenar el tango-canción "Mi noche triste" ya que, hasta entonces, el tango era sólo música sin letra. Ese mismo año filmó y estrenó su primera película, "Flor de durazno". Con el tiempo el dúo se separó amistosamente y Gardel inició los primeros viajes al exterior; popular ya en toda Hispanoamérica llevó el tango por Europa, haciéndolo conocer en España y Francia, alcanzando en 1927 su consagración. Luego llegarían los Estados Unidos y el cine en los estudios de la Paramount de Nueva York, donde filmaría varias películas.

Ya famoso, Gardel cenaba pucheros en El Tropezón; después los bajaba haciendo gimnasia en la Asociación Cristiana de Jóvenes y tenía su mesa en el Café Tortoni. Pero recién en 1927 compró una casa, en Jean Jaures 735. Diez años antes había sido un prostíbulo, como tantas otras casas del Abasto. Ahora, es su museo.

Su última actuación sería el 23 de junio de 1935, en el teatro Odeón de Bogotá. Un día después un desastre aéreo en Medellín, Colombia, terminaría con el auge de su carrera y de su fama. Y como en sus restos se detectó una bala, durante mucho tiempo se especuló con que un incidente en el interior de la aeronave había provocado el accidente. Sin embargo, Gardel había convivido con esa partícula de plomo alojada en su pecho, desde que en una noche en el Palais de Glace (lujoso cabaret de Buenos Aires, que más tarde albergó a Radio Belgrano y Canal 7, y finalmente se convirtió en un centro de exposiciones) se interpuso para evitar que un amigo fuese acribillado, con la suficiente fortuna para quedar solamente herido. La vida era tango también.

Los restos de Gardel llegaron a Buenos Aires el 5 de febrero de 1936 y fueron velados en el Luna Park. Hoy el Zorzal descansa en la Chacarita, donde admiradores de todo el mundo lo visitan y lo mantienen vivo.


Todo aquel que oyó hablar de tango, lo encontró pegado al nombre de Carlos Gardel, un mito de que atravesó vigorosamente todo el siglo. Setenta años se cumplen de la trágica muerte del zorzal criollo y los rincones de la ciudad en los que Gardel dejó huellas, convidan al tango, esa melancolía tan nuestra. Mi Buenos Aires querido, cuando yo te vuelva a ver, no habrá mas penas, ni olvidos…