viernes, julio 01, 2005

Destinado a escribir

Por María Susana Álvarez

Uno de sus mayores aciertos para gloria de la Literatura Argentina es haber nacido. 1899 fue el año; Buenos Aires, el lugar. Su figura corva, sostenida por un bastón, recorría paso a paso los suburbios de Buenos Aires, la Biblioteca Nacional, algunos de cuyos libros reconocía por el olor...

De Jorge Luis Borges escribo. Una construcción llevada a la temática, entre otras, identificó su escritura: "el laberinto" leamos pues algún fragmento que nos indican esta presencia:

"...He olvidado los hombres que antes fui; sigo el camino de monótonas paredes que es mi destino. Rectas galerías que se curvan en círculos secretos al cabo de los años. Parapetos que ha agraciado la usura de los días (de Elogio de la Sombra, 1969)

¡Cuánto ingenio, cuántas horas de lectura y reelectura y dictado de textos, que de su imaginación nacían, exigidos a su madre, Leonor Acevedo, a sus amigos, al algún colaborador para que transformaran en leíbles las mágicas metáforas , imágenes, temas...que lentamente iba construyendo pero, que su ceguera le impedía, llevarlos por sí sólo al papel.

Sus amigos entrañables: Bioy Casares, Silvina Ocampo, esposa de éste, María Esther Vázquez, a quien dedicara su Poema De Los Dones ¿recuerdan? el que comienza con estos versos:

Nadie rebaje a lágrima o reproche
Esta declaración de la maestría
De Dios, que con magnífica ironía
Me dio a la vez los libros y la noche

De esta ciudad de libros hizo dueños
A unos ojos sin luz, que sólo pueden
Leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden

( Ed. EMECÉ Buenos Aires, 1960)

Compañeros de ocio y de trabajo fueron, entre otros, los nombrados.
Con el primero compartió la creación literaria, bajo el seudónimo de Bustos Domeq en "Seis problemas para don Isidoro Parodi.

Pero no todo fue trabajo con ellos: viajes, reuniones, comidas cotidianas, nos hablan de una profunda amistad, tal vez nacida desde ese lugar privilegiado: el amor al arte.

Epifanía, más conocida por Fanny, su doméstica de largos 40 años, durante los cuales se fue gestando entre ellos un código de complicidades, se ocupó de todo lo que necesitaba. Vivió en su casa hasta que un deleznable episodio, planeado vaya a saber por quién, del cual me enteré por el relato que de él hace una de sus amigas, fue expulsada del hogar que había ayudado a crear junto a la madre del poeta. Eran trágicos momentos, Borges esperaba la muerte en la lejana Ginebra. Mucho se ha escrito también sobre este macabro traslado.

Sólo alcanzó a decirle, en su de breve despedida a su siempre amado Bioy Casares: cualquier: lugar es bueno para morir. ¿En que doloroso rincón del corazón del escritor quedaban aquellos versos de su poema La Recoleta que dicen:

"Estas cosas pensé en la Recoleta
en el lugar de mis cenizas".

¿Mientras era trasladado, los seguiría recordando aunque con resignación?

Un admirado escritor argentino, que con su estilo revolucionó el hacer novelístico: Julio Cortázar, cierto día le envió un ejemplar de un maravilloso cuento "Casa Tomada", a fin de que Borges le diera su opinión. Tiempo después , contó Borges, recibí la visita de un tímido y creo que alto muchacho, no sé bien, ustedes comprenderán, la ceguera es cómplice del olvido, para preguntarme que opinaba de su escrito. Como respuesta recibió: "su relato no sólo es genial sino que en breve saldrá publicado."

Eterno postulado al premio Nobel, nunca se lo entregaron.

Dejemos por unos párrafos al Borges escritor.

Su indignante y caótico opinar sobre cuestiones dolorosas: "el gran error de EEUU, fue abolir la esclavitud,", "la dictadura es un gobierno de caballeros", "el voto debe ser selecto como única opción para una democracia inteligente", En fin, tenía debilidad por decir y adherir a barbaridades, imposible de no ser condenadas por el sentido común de cualquier humano.

Muchas veces se arrepintió de sus dichos ante sus amigos, como cuando horrorizado descubrió y se lamentó del dolor de Las Madres de la Plaza de Mayo. Pero, en fin, políticamente fue incorrecto.

Pero, al decir de muchos, estas opiniones no eran sino una tomada de pelo para quienes, lo consideraban un sabio capaz de opinar sobre cualquier tema.

No obstante, cualquiera hubiera sido su intención pasan la línea de lo inhumano. Su silencio, hubiese sido más productivo, sobre todo para un hombre, que escribiendo fue genial y viviendo el compromiso que el mundo exigía, un desastre.

Cuenta una historia que hace mucho leí, que una tarde de febrero, Astor Piazzola y Jorge Luis Borges, se encontraron en la confitería Saint James. Piazzola concebía, desde hacía tiempo, poner música a algún poema de Borges. Éste se entusiasmó ante la idea y humildemente le preguntó al músico: "¿Me puede decir cómo tengo que hacer?"

-Usted es Borges. Escriba. Yo le pongo música, fue la respuesta.

Al día siguiente, Borges llamó a Piazzola y le anunció: ya tengo la primera letra: "la pensé mientras caminaba por el barrio de San Telmo". Era la milonga "Jacinto Chiclana". Luego le fueron sucediendo otras: "Don Nicanor Paredes", "El Títere"...Seleccionada una lista, se edita un disco que termina con las palabras de esa "Oda íntima a Buenos Aires" y que comienza así:

"Los mayores hicieron la ciudad;
la hicieron con la cruz y la espada"

Ante estos versos vaya mi interrogación : Borges, ¿por qué no escribiste siempre tu pensar y sentir y guardaste tu hablar? ¿A quién querías desafiar con esa actitud?