sábado, junio 25, 2005

Un sueño inconcluso

Por Nady Rivas
Corrientes, Argentina
rivasnady@yahoo.com.ar

La página en blanco no parece invitarme a escribir de mí, más bien reparo en su burla y desafío: sabe que no resulta fácil retratarme. Intentaré definir quién soy.

Nací una fría mañana del 1° de junio de 1973 en un pueblito del interior del Chaco. Mamá decidió llamarme Griselda Nady Rivas pero resultaba más cómodo apodarme “nena”, mote que siguen utilizando mis padres y mis hermanos. En la escuela primaria y secundaria, fui conocida como “Rivas” y tampoco me gustaba, sentía que tanto “nena” –en casa- como “Rivas” –en el colegio-, no expresaban mi identidad. Desconocía la manía de la gente por no acordarse de mis nombres, para otros familiares soy Griselda; en definitiva, soy conocida de diferentes maneras.

Mucho después, cuando empezaba una carrera terciaria, una profesora nos preguntó cómo nos gustaría que nos llamaran y esa tarde les dije a más de 40 compañeros que yo era “Nady Rivas”. Desde entonces hasta hoy mi segundo nombre genera complicaciones en la gente. Suelen llamarme “Nadia”, “Gladis”, Nadya”, “Mady” cuando aclaro mi nombre suelen confesar que creían que “Nady” es diminutivo de vaya a saber qué. En la mayoría de los casos tengo paciencia para explicar y mostrar mi cédula otras veces, por teléfono complica una conversación cuando por ejemplo alguien dice a un tercero “Nady quiere hablar con vos” y del otro lado entienden “nadie quiere hablar con vos”; a veces es divertido y otras no tanto.

Coincido en que soy la típica geminiana: huyo exasperada y deprimida de la rutina, busco ampliar conocimientos, puedo hacer varias actividades radicalmente diferentes en el día y la paciencia no es una de mis virtudes.

Desde pequeña soñaba con viajar y conocer lugares excéntricos, estudiar y vivir en una gran ciudad y ser periodista de televisión. Recuerdo cuando vivía en la zona rural de Pampa del Indio, un televisor en blanco y negro “Philco” a baterías y con más de 15 metros de antena, que papá compró en Brasil para ver el mundial del 78 y que sólo captaba 1 ó 2 canales de aire, uno de ellos era canal 11 de Formosa y a la hora del noticiero esa mágica caja cobraba una atracción especial para mí no por las noticias sino por los periodistas que emitían los informativos y mi eterna duda pasaba por saber cómo hacían para recordar todos los títulos, sin saber yo –y tampoco mis padres-, que no era necesario memorizar sino que existían técnicas para anunciar las noticias.

No viajé lo suficiente, llegué a Resistencia y hoy vivo en Corrientes (capital) pero gracias a la magia de Internet he conocido a muchas personas y lugares remotos. No emito las noticias por TV, radio ni escribo en los diarios –todavía- pero pasado los 30, asisto a un curso de dicción y locución y participo de un taller de redacción a distancia y quizá logre la suficiente impostación de voz y técnicas de redacción que permitan cumplir el sueño de mi vida: ejercer el periodismo. Aún mantengo la esperanza de participar del juego de la mentira en los medios.