domingo, junio 05, 2005

Suicidios, aprender de ellos

Por Víctor Prandina (Reconquista, Argentina)

Conocer cuál es la situación por la que están pasando hoy muchos adolescentes en el norte es una de las inquietudes que tienen investigadores antropológicos, profesionales de la salud, fuerzas de seguridad, instituciones varias, padres, y hasta algunos jóvenes. Desde hace algunos años, y esto lo reflejan las estadísticas, muchos adolescentes y jóvenes de la ciudad de Vera, una pequeña población de más de 10 mil habitantes al norte de Santa Fe, deciden quitarse la vida. Unos lo logran, otros quedaron con algunas secuelas.

Los números indican que uno de los más altos porcentajes en suicidios de Latinoamérica se registran en esta localidad. Tal es así que es preocupación de muchos, pero las soluciones no llegan. Y esas mismas estadísticas dan cuenta de que son más los intentos que los actos que llegan a concretarse.

Y hoy me permito opinar respecto de qué podría estar sucediendo con algunos de los jóvenes en esta ciudad (sabiendo que algunos se preocupan por sus pares), y me permito hacerlo porque conversando con algunos de ellos percibí una sensación de inseguridad futura. Sentí que en general ellos no ven una perspectiva hacia el futuro, su propio futuro. Están buscando y no encuentran, algunos desesperados quieren saber qué les deparará el destino en materia de trabajo y se sienten ajenos a una realidad que también parece escaparse todos los días...

Sin lugar a dudas que no es conocer su realidad el sólo hecho de hablar con ellos, por eso me animé a vivir como ellos... fui conociendo a estos jóvenes que reflejan una angustia de ser un pueblo pobre, o empobrecido que quizás no es lo mismo... y me permito aprender de ellos, porque muchos podrían haber adoptado la drástica decisión, pero otros decidieron jugarse e intentar algunas otras alternativas, que por cierto son mejores.

Quizás no sepamos nunca qué pasa por la cabeza de los adolescentes, jóvenes que intentan suicidarse, sí sabemos que tenemos que estar con ellos, algunos aferrados a pocas esperanzas. Me permito decirles a todos que no debemos juzgarlos, sí acompañarlos y ponernos en su lugar, porque para ayudarlos debemos saber qué sienten, saber qué piensan, y hoy por hoy hay muchos que solo se dejan llevar.

Aprendamos de ellos, algunos nos dieron el alerta y por eso debemos saber cómo actuar y no debemos mirar a otro lado.