lunes, junio 27, 2005

¿Seré ésta?

Por María Susana Alvarez
Huinca Renancó, Córdoba, Argentina
msaa@huincacoop.com.ar

Héctor Tizón planteó un interrogante existencial: "¿Somos lo que queremos ser o somos lo que los demás creen y quieren que seamos?

Veamos, por hoy intentaré mostrarme siendo lo que soy, es decir, lo que me devuelve el espejo cuando me para frente a él, cuáles son mis reacciones, qué cualidades tengo o me hicieron creer que tengo. En fin, es difícil tarea ser mirado y no reconocerse o lo que es peor aún, mirarse y ¡qué horror! Reconocerse.

Nací un 16 de julio del hoy remoto 1949 en un pueblo ubicado al sur de la provincia de Córdoba, llamado Huinca Renancó. Una partera, antiguo oficio, me trajo al mundo en mi propia casa.

Cierta vez, una amiga firme creyente de lo que los horóscopos vaticinan me dijo: "Sos de Cáncer". A mí, que estas cosas me parecen increíbles por las sandeces que afirman, pues uno no lee dos que para la misma semana o mes o año pronostiquen lo mismo; le contesté: sí, soy de Cáncer hasta en el horóscopo.

Comencemos ahora paso a paso y acabadamente a cumplir con la consigna: escribir una autosemblanza. Mi físico se arma en un espacio pequeño, un metro sesenta y tres de altura, 56 kg. de peso, cabello castaño que roza los hombros. Según dicen "estoy muy bien conservada". Expresión que me suena a que me parezco a una sardina que en lata sobrevive.

Mi infancia transcurrió hasta los 5 años en un campo de la zona, propiedad de mi familia; de vez en cuando me llego hasta allí buscando la paz que ofrece, contemplar desde la galería, la fina línea del horizonte, que tan bien pintara Molina Campos.

Ese buscar la paz, tal vez es el inicio de mi retrato psicológico: soy aguerrida, defiendo mis ideas en arduas discusiones porque estoy convencida que desde el intercambio se cimienta la excelencia. Este rasgo de mi carácter contrasta con una profunda introversión en mis sentimientos más íntimos. Sólo exhibo mis ideas, la soledad, la angustia, han sido radicales compañeras de ésta, mi manera de ocultar a la otra.

Sigamos armando esta persona. Como diría Borges, en La Memoria de Shakespeare: "De tarde en tarde me sorprenden pequeñas y fugaces memorias que acaso son auténticas". Las conversaciones sobre historia española que mantenía con mi abuelo paterno (llegado a la Argentina a los 18 años), eran una delicia, los libros que colmaban mi cama cada noche, la música clásica que en un viejo combinado me hacían escuchar mis padres en los viejos discos de de pasta y de la que yo, huía clandestinamente, en mi adolescencia, época en la que el Club del Clan, estaba en su apogeo, clandestinidad de la que no me avergüenzo pues sigue siendo para mí una muestra de coraje. Coraje que aún hoy, me trae problemas cuando en reuniones se abordan temas como: la invasión a Irak, las privatizaciones argentinas y todas esas cosas que los políticos hacen buscando lo que quieren para sus países (petróleo, gas...) o lo que en sus bolsillos todavía cabe. En fin no soy mansa.

Mi familia está compuesta por tres hijos: dos varones y una mujer. Uno, ingeniero químico, otro, estudiando Agronegocios y proyectándose hacia Ingeniería Agronómica en el futuro, y la menor reiniciando sus estudios de abogacía. Como toda madre, espero que sean felices.

Mi oficio, docente de una escuela secundaria en la que ejercía horas cátedra y a la vez era directora, trabajo que tuve que abandonar obligada por un grave accidente automovilístico del cual sobreviví entera, tal vez por eso de que "yerba mala nunca muere".

Ahora, me dedico a aprender a escribir discursos sociales (¿puedo nombrar así a los que el periodismo abarca?), lo cual no resulta para nada sencillo.

Hoy, una urgencia ocupa mi espacio: la presentación de un libro que narra la vida de una íntima amiga que vive en Bueno Aires, prestigiosa especialista en derecho de familia. No se trata de "la excelencia", literariamente hablando, contiene una breve biografía, que pese a lo trágica, es un sorprendente canto a la vida. Se titula "A que sí", Hernán Walter Martínez, médico de su hijo desde hace 25 años, lo escribió, editorial Dunken lo publicó, no persigue fines comerciales, su valor es ínfimo. Simplemente muestra una historia de vida digna de ser contada y conocida.

Finalizo aquí mi autosemblanza agregando unos versos de Mario Benedetti con los cuales me identifico, seguramente porque hay en mí historia heridas abiertas que, por prudencia, no he contado. Vayan pues éstos como magistrales compañeros de mi precaria autosemblanza:

"Al fin por fin en fin no caben dudas
la belleza se aleja y uno queda
solo como una flecha que erró el blanco
dejó melancolías en la puerta
un azar miserable en la ventana
y el nombre salvador que nunca llega

Sólo perdura en el corazón con canas
cansado de latir en las promesas
estirpe de los sueños que hacen cielo
cielo de los amores a la espera
canas que son del alma amenazada
soplo que sobrevive a duras penas
recuento inútil de estaciones locas
donde ya se borró la primavera"

De "Memoria y esperanza" (Editorial Destino)


Nublado y melancólico final ¿no?