domingo, junio 05, 2005

Obscena televisión

Por Alejo Miranda (Rosario, Argentina)

Justo cuando creí haber encontrado un programa que valiese la pena, aparece Nacha Guevara en cuatro. "Ingenuo -me dije- debí haberlo sospechado". Es que en la televisión actual nada parece escapar a la tentación de mostrar minas en bolas ("divas en exceso" le dicen otros y le llaman arte).

Ya el año había empezado mal y pintaba peor. Es verdad, hace rato que todo viene medio podrido. Pero algunos cambios de grilla anunciaban que la lucha por el rating iba a ser feroz. Claro que como el rating es una cifra, un número, poco importa el espectador. Basta con mostrar más (menos en este caso) que la competencia.

Como no miro ese tipo de programas mucho no me importó. Lo que no significa que deje de extrañar un "Okupas", un "Cha Cha Cha" o un "Vulnerables", por nombrar sólo algunas de las cosas a veces la televisión es capaz de producir.

Por eso pensé que "Botines" podía, sino llegar a alcanzar la calidad de estos, cuanto menos escaparle a la chabacanería de la ficción contemporánea, mezcla de telenovela mexicana y reality show (por no hablar de los sit coms calcados de la TV norteamericana que nada tienen que hacer en nuestra pantalla). Los primeros capítulos fueron prometedores. Excelente calidad actoral, arriesgada apuesta narrativa y, lo más interesante, una mezcla de realidad y ficción que hasta permitía al espectador sentirse identificado. Allí donde la crónica policial fallaba, aparecía la ficción para atar los cabos sueltos. El resultado, no siempre del todo verosímil, resultaba novedoso (para el mercado local; no extrañaría que la "idea original" haya sido en realidad copiada de algún formato foráneo como sucede con la mayoría de los programas de esta productora).

Pero no. Ahí tenía que aparecer Nacha semidesnuda, gimiendo mientras fornicaba con alguien medio siglo menor que ella. No casualmente ese capítulo fue particularmente malo. Horrible. La trama inverosímil y muchas veces forzada, las actuaciones paupérrimas (Arturo Puig sigue sin poder escaparle al personaje de "Grande Pá"; de Joaquín Furriel, bueno, más no se podía esperar). Como si lo único relevante fuera la escena del sexo.

A eso ha quedado reducida la televisión de hoy: sexo, mujeres desnudas, sexo, travestis, sexo casual, sexo virtual, sexo, sexo. Y no sólo la ficción, claro está. Desde los programas de entretenimiento, que se jactan de ser "familiares", hasta los de investigación, todos tienen que tener casi por obligación algún contenido erótico. Obsceno, más bien.

No pretendo hacer con esto una apología del puritanismo ni mucho menos. Pero tanta teta y tan pocas ideas ya cansa.

Es indiscutible que la televisión es un negocio, una empresa cuya utilidad depende del rating. Dejando de lado la discusión de si las formas de medición son válidas y regulares, cabe cuestionarse si las metodologías empleadas para captar audiencia son lícitas.

Al final, el espectador es un factor completamente subestimado. No es cierto que pasen lo que la gente pide. La gente mira lo que hay, y lo que hay es basura. Los horarios de los programas son un claro ejemplo de esto. ¿Quién sabe a qué hora empiezan? ¿Y qué carajo significa "al término de..."? ¿Qué somos, todos boludos acaso? Parecería que sí, mas no sea para quienes deciden el contenido del más masivo de los medios.

"¡Qué ingenuo! Debí haberlo sospechado". Que la silicona no nos tape el bosque.