domingo, junio 05, 2005

No Villa Tours

Por Karina López (Ituzaingó, Provincia de Buenos Aires, Argentina)

¿Quién iba a decirlo? Ahora nuestros pobres son visitados por curiosos turistas, en su mayoría europeos y estadounidenses, aburridos quizás de las ofertas tradicionales. Lo cierto es que desde diciembre del año pasado una agencia organiza el "Villa Tour” que, por 60 dólares, lleva a los turistas extranjeros a conocer la villa 20 de Lugano, uno de los tantos barrios pobres porteños. Allí, dos vecinos del lugar los guían por los pasillos y negocios, y les cuentan cómo viven en esa villa, 28 manzanas encajadas entre los monobloques de Lugano y la avenida Escalada. Esta es una tendencia de moda en muchos lugares del mundo y consiste en mostrar las caras menos iluminadas de la ciudad: los suburbios y las zonas rojas. El ingenio del hombre no tiene límites dirían algunos o bien “una variante nueva del turismo aventura” por ser ácidos; “turismo sociológico” ¿quedará mejor?


Mientras el gobierno se debate entre bajar y subir el costo de la canasta familiar para poder seguir con los malabares que balancean convenientemente los índices de pobreza en la Argentina, los que menos tienen ahí esperan, con hambre y con frío, pero confiando en que algún día las cosas mejoren.

Los tours de realidad, una tendencia fuerte en centros turísticos del mundo, son una manera polémica de mostrar la miseria ajena y una moda que armó un negocio que factura millones en todo el globo. Martín Roisi, dueño de Tour Experience, la agencia que organiza las visitas, prefiere hablar de integración, antes que de rarezas: “La idea no es mostrar la pobreza, sino toda la riqueza cultural que hay detrás. Acá la gente se organiza, piensa alternativas y sale adelante con humor y solidaridad”, dice él.

No duele ver a los pobres nuestros transformados en una curiosidad y opción turística para los llegados del primer mundo; duele que existan y que su número crezca día a día, sin que haya progreso y equidad para ellos. Ahora bien, ¿cuántos Villa Tours podríamos ofrecer? Da miedo pensar cuántos; repartidos a lo largo y ancho del país, con variedad de climas, flora y fauna, enmarcados en una nación empobrecida que no deja más opciones. Y también ¿por qué no otros tours? Cartonero Tour, Piquete Tour, Vendedor Callejero y/o Ambulante Tour, etc.

Parece entonces que a cinco años del nuevo milenio, la marginalidad resulta para los visitantes, en general sociólogos, periodistas y economistas, una variante particular en los recorridos turísticos para conocer el costado tercermundista de los porteños. Pero más allá de la discusión ética de los usos adecuados del turismo, este hecho pone de manifiesto otro debate: que existan los Villa Tours no es algo terrible, que exista la pobreza y no se haga nada eficiente por combatirla, sí lo es. Un paseo por las mini ciudades de los pobres es una herramienta que ahora tienen los de afuera para encontrarse con la realidad de un país latinoamericano que, como otros, lucha por consolidarse y dar paz y trabajo a sus habitantes. Quizás cada uno de nosotros deba hacer el Villa Tour para no olvidar que debemos ser solidarios y que hay mucho por exigir y pelear. Que debemos alimentar la voluntad de cambio, motivar el motor de lucha y avivar las voces que griten que nadie merece la pobreza.

Y es en nuestro ejercicio de ciudadanos cuando debemos tener memoria; porque en las urnas es donde finalmente decimos nuestro futuro como argentinos. No Villa Tours, no villas.