domingo, junio 05, 2005

Los tiempos que corren

Por Guillermina Deluppi (Córdoba, Argentina)

"La amabilidad ya no existe -me decía alguien el otro día-, todos te pasan por arriba sin siquiera mirarte", insistía.

Es que hay un cambio de humor en la gente desde hace bastante tiempo a esta parte.

Y se nota en el tránsito por ejemplo, cuando los conductores ensimismados pisan el acelerador apenas alcanza a encenderse la luz amarilla, o los peatones se lanzan a la calle sin mirar siquiera si su color es el de avanzar o detenerse.

Se percibe en los colectivos, donde ya nadie le cede el lugar a ancianos o embarazadas.

Se siente en las miradas iracundas de esos adolescentes sin perspectiva de vida, obligados a hacer sentadas porque es preciso que el techo de la escuela no se les venga encima (y allá van los medios a "pegarles" porque los chicos copian el "modelo piquetero").

Se aprecia en la carnicería o en las cajas del supermercado, donde la mercadería es manipulada sin compasión por cajeros y vendedores, como si fuera ella la responsable directa de sus malestares cotidianos.

Se observa en la impaciencia de esa madre que tironea a un chiquito que no quiere seguir su camino pues ahora sólo le interesa subir y bajar cuanto peldaño encuentra a su paso.

Se capta en el aire, enrarecido por el humo de gomas quemadas y gases lacrimógenos.

Se oye en los insultos que se propician de una vereda a la otra vendedores ambulantes y mendigos.

Pero no los culpo. Yo también me siento enajenada últimamente: corriendo de un lado a otro sin mirar a los costados. Apurada para que la vida no me deje a un costado. Impaciente porque el día tiene sólo veinticuatro horas y son escasas.

¿Que son los tiempos que nos han tocado vivir? ¿Que en los tiempos que corren hay que vivir apretando el acelerador hasta el fondo? Veinticuatro horas no son poca cosa, no jodamos. El problema es que nos las han repartido mal.

Nuestra enajenación cotidiana, es por obra y gracia de una política social que nos quita toda condición humana. Que nos reduce a meros cadáveres que arrastran sus cuerpos de un lado a otro porque es conveniente que no lleguemos tan tarde.
Porque cuando le meten mano sin asco a nuestros ahorros, cuando la inteligencia se ve reducida por la mala alimentación. Cuando la desnutrición alcanza cifras horripilantes.

Cuando nuestros adolescentes miran en los desocupados su propio destino (mientras los gobiernos de turno observan alegremente sus propios bolsillos). Cuando no tenemos las garantías de poder divertirnos en los recitales sin temor. Cuando la impunidad nos da una bofetada excarcelando a Omar Chabán (y a María Julia). Cuando nos ponen cupo para estudiar. Cuando nos someten a trabajar por monedas y nos obligan a "changuear" (y luego se espantan por las cifras del trabajo en negro). Cuando sucede todo esto, la enajenación, la ira, la impaciencia y la falta de amabilidad, son moneda corriente en una sociedad.