domingo, junio 05, 2005

La piedra y las ondas

Por Tom Amans (Olivos, Provincia de Buenos Aires, Argentina)

Se considera generalmente a la Argentina un buen ejemplo de sistema político presidencialista. Me refiero aquí a eficaz para mostrar un ejemplo casi caricaturesco a la hora de explicar el concepto en una aula. En efecto, es fácil señalar que la política ha girado en torno a la figura presidencial desde el regreso de la democracia. Cada presidente de Alfonsín en adelante ha propuesto un proyecto fundacional. Esto ha requerido obviamente el revisionismo más puro para deshacer lo que el antecesor había hecho.

Alfonsín abriendo el juego de los partidos políticos, Menem supeditándolo a los negocios financieros. De la Rúa, aunque cueste recordarlo, había logrado crear una imagen de racionalidad desde el Estado que vendría a deshacer los entuertos del menemismo, luego las necesidades de la coyuntura le quitaron toda iniciativa para plantear su propia refundación. Lo que hubiese sido la resurrección del radicalismo y el regreso de los partidos.

Esa posibilidad naufragó y nos encontramos hoy con algo vagamente llamado “hegemonismo”, uno de cuyos aspectos es la impotencia de los partidos opositores por llegar al poder. Unipartidismo, quizás coyuntural a mediano plazo pero que se quiere vender como la actualidad de la política. El principal, sino el único problema que enfrenta. Así funcionan las mascaradas en la política pública, son más durables que las cortinas de humo, más de fondo. Pensábamos que la amenaza más urgente contra la democracia de Alfonsín eran los carapintadas, el regreso del autoritarismo, pero fracasó por no poder contener o negociar con el peronismo.

Pensábamos que la fuente de poder de Menem eran las empresas legales o ilegales, y resultó ser el pueblo. Sí claro, todo gobierno tiene cierto grado de legitimidad pero este realmente era parte de una identidad autóctona, por mucho que nos duela.

Hoy parece que la amenaza es el hegemonismo pero la amenaza como siempre es la mascarada del poder por la cual le permitimos al gobierno poner sus necesidades por delante de las nuestras.

Pero, ¿no sucede esto porque hay un complot que nos impide ver claramente? No necesariamente. Los políticos y la clase en el poder hacen lo que siempre hicieron, acumular más poder, mantener el statu-quo, pero nosotros, desde abajo, hemos tardado en reaccionar más de una vez: pidiendo lo mínimo para que nos sea concedido y después naturalmente perdiendo hasta eso. Quizás el 19 y 20 fue el principio de algo distinto, de una estrategia popular de pedir todo para obtener lo justo y lo posible. De exigir libertad para obtener democracia, de reclamar comida para todos, para tener uno algo de alegría. La solidaridad como algo más que una palabra. Las ondas de la política pueden ser largas o cortas, pero es tiempo de ver que la piedra que las generó ya llegó al fondo.