lunes, junio 27, 2005

Beltrán mi vida, Cipolletti mi pasión

Por Daniel López
Cipolletti, Río Negro, Argentina
daniel_lopezferro@yahoo.com.ar

Mis 23 años están repartidos entre el pueblito de Luis Beltrán, donde nací, y Cipolletti, lugar en el que, desde los 18, se desarrolla el profesional.

Mis padres, familiares y muchos de mis amigos aún los tengo en el pueblo. Allí me crié, me eduqué. Comencé a vivir la vida.

La pasión me la da la ciudad. El fútbol, el periodismo y mi mujer. Tres pasiones unidas por el amor, aunque separadas en la forma de amar.

Ser futbolista del Club Cipolletti me ha llevado a conocer el país, con sólo patear un balón, y a habitar sentimientos indescriptibles. El fútbol lo llevo en la sangre, ocupa gran parte de mi corazón, y reconozco que nadie de mi familia estuvo cerca del deporte más hermoso del mundo, como para inducirme a tanto entusiasmo. Sólo un tío que albergaba muchos “Gráficos” en su casa y cada visita familiar era un convite para pispiar algún jugador o las camisetas de los equipos.

El periodista también se formó en la urbe. Con el estudio, con la experiencia. Con sueños rotos y promesas incumplidas. Con pagos pésimos, si es que los había. Ya no estoy en los medios, pero sigo escribiendo, que no es poco.

Y fue en el alto valle de Río Negro donde conocí al amor de mi vida. Ella es única, es mi mujer. Natalia es quien elegí para vivir el resto de mis días. Será la madre de mis hijos y mi compañera hasta que en algún momento volvamos al pueblo que me vio nacer.

Por ser tranquilo, sin actividad nocturna y en muchos casos sin vida social, soy criticado. Algunos hablan de amargura, otros de aflicción. Tengo un estilo de vida sano y amo el deporte. El cigarrillo no ha golpeado mi cuerpo y no creo que vea en mí a un potencial consumidor. Sí el alcohol. Pero sólo el del buen vino. Ese que desata a los duendes de la inhibición.

Soy docente, aunque nunca me lo hubiera imaginado. Las mañanas me las paso dando clases, ese lugar donde uno no sólo enseña, sino que aprende mucho. Es donde intercambio conocimientos, experiencias y esa interrelación es lo que hoy más me nutre.

Causo bastante sorpresa cuando conocen mi pasado y presente. ¡No soy un delincuente ni un fenómeno!, pero es raro que un futbolista profesional sea periodista, y además... profesor. Raro, no imposible.


Si dividiera mi día hablaría de mañanas de aula, tardes de cancha y noches de lectura y familia.

No creo que surjan más datos de este pueblerino, muy casero con cero shopping y muy poca moda. Digamos un arcaico.

Mi nombre es Daniel López, “el Rulo”, por esa cabellera que tanto trabajo da mantenerla conforme a la normalidad. Se torna incontrolable esa porra los días de humedad, como Maradona a los ingleses en el 86. Inconciliable.

El apodo surge como el de todo desconocido que llega a un lugar y juega un picado. En seguida rebrotan el “pasála gordo”, “tirála negro” o “corré rulo”. Como el nombre del “nuevo” no es de dominio público, los compañeros comienzan a buscar una característica física explícita, a la vista, que identifique a la persona.

Consejo: no hagan como el pibe de la publicidad de Coca-Cola que fue denominado, por decreto y por el color de su remera... Rosa. Chequeen su ropa antes de participar en un picado siendo un desconocido. Esos apodos no se van más. Se los digo por experiencia.

Ahora sí me despido. El Rulo, el Dani o como quieran llamarme se ha presentado. Y va a usar una frase refritada, retrillada y súper utilizada; pero precisa en este momento: gracias por tanto, perdón por tan poco.