sábado, mayo 21, 2005

Una fiesta casi perfecta

Por Alejo Miranda (Rosario, Argentina)

Más allá de alguno que caminaba medio ladeado, todo transcurría normalmente. Nada hacía suponer el fatal desenlace. Cuando llegó la ambulancia ya era tarde.

Florencia, la novia, estaba espléndida. Difícil no estarlo con tal figura, ciertamente. Muchos lamentaron su compromiso. El "Negro" Hernán, ahora su marido, orgulloso. También muchos lamentaron su compromiso.

Los padrinos parecían calmos, casi indiferentes, a pesar de que para ambos matrimonios era el primer hijo que se casaba. De no haberlos conocido de antemano dudo que los hubiese distinguido del resto de los invitados.

Toda la miscelánea que suele encontrarse en cualquier casamiento estaba presente: el tío abuelo que bailaba como si hubiera sido él quien se casaba; la prima de la madre que, por ridícula, nadie admitía conocer; los más chicos, quizás en la mejor fiesta de sus vidas, sin poder creer que les permitieran quedarse levantados hasta tan tarde.

Por supuesto estaban las amigas de ella y los amigos de él.

-¿Venís de parte del novio o de la novia? -arriesgó uno.

La rubia aceptó la conversación a condición de seguir bailando.

En definitiva, los casamientos son para el disfrute de los amigos, antes que para los novios mismos. Cuando el trencito cansaba se ensañaban con los agasajados y los hacían volar, o los rodeaban en círculo. Desde que terminó el vals hasta que se fue el disc jockey duró el baile. Ni la torta, primero, ni la pizza de la madrugada, ni la sirena los detuvo.

La hermana mayor de Florencia atrapó el ramo. Vi a muchos respirar aliviados de que no fuese su novia la afortunada.

El grupo que tocó reavivó la fiesta en un momento en que comenzaba a decaer. No estuvo mucho, y los temas no eran los más pegadizos, pero bastó para que la gente volviera a la pista.

Un casamiento como cualquier otro, advertirá el lector. Pues sí, al menos hasta aquí. Lo que sucedió después fue todo muy confuso. Muchos ya se habían ido. Los que quedaban, jóvenes en su mayoría, aturdidos por la música y el alcohol recién advirtieron que algo pasaba cuando llegó la ambulancia. Otros ni quisieron enterarse y siguieron bailando.

De hecho mayor conmoción se había producido cuando la mejor amiga de la recién casada perdió su lente de contacto.

Alguien dijo que era un pariente lejano del padre del novio que vivía en España, versión que me fuera posteriormente ratificada. Hombre de edad mayor, aparentemente permaneció inmóvil por horas en su silla hasta que un mozo que lo notó pálido le ofreció café. Había venido solo, y como llegó de improviso fue acomodado en una mesa secundaria, donde nadie lo conocía, y que fue inmediatamente evacuada tras la cena dada su lejanía del foco de la fiesta. Vanos fueron los intentos por reanimarlo.

La música no amainó en ningún momento, y si bien varios se acercaron a ver que sucedía, la atención siguió centrada en la pista. La novia parecía más preocupada que el “Negro", aunque no por eso abandonó a sus amigas.

El forense no descartó envenenamiento. Resta aguardar el resultado de la autopsia.