viernes, mayo 13, 2005

Una cuestión de costumbres

Por Víctor Prandina (Reconquista, Argentina)
Taller de Redacción

Era la madrugada del viernes cuando Antonio selló de un portazo el aviso de su retorno a casa. A esa hora ella dormía plácidamente al saber que una fina llovizna caía sobre Reconquista. El asunto era saber bien a qué hora estaba llegando él, porque ese día era costumbre que llegue un poco más tarde que los otros días de la semana.

Sabía que tendría que regresar alrededor de la 1:20, porque su trabajo era más o menos hasta la 1:00 y solo dos kilómetros separaban el lugar de trabajo de su hogar, así que era cuestión de que su bicicleta no se pinche o no se rompa algo para llegar, a más tardar 15 minutos después de la 1:20. Pero era cuestión de esperar.

Y el portazo fue la señal de su llegada. Claro, llegó, pero eran las seis y cinco de la madrugada. “En realidad me demoré unos minutos con los muchachos”, dijo Antonio, un joven ya entrando en la adultez, diríamos unos 39 años...

Pero era una cuestión de costumbre. Ella sabía que había estado con Laura, su ex novia de la infancia, a quien Antonio nunca pudo olvidar. Pero también sabía que debía callarse porque esos minutos más tarde, en un reproche, podrían desatar un infierno.

“Gracias a Dios no tenemos niños”, dijo ella y pensó en aquellas noches en que el sí vuelve a horario. Pensó en lo tierno que es él cuando llega y sintió en la distancia el beso que le dio en la frente la noche anterior. Lentamente fue acercándose a la habitación, liberó su ropa de fajina y se dirigió al baño, tal como lo hace siempre, nada más, que como todos los viernes a la madrugada, unos minutos después de las seis de la mañana...

Y sintió un escalofrío al saber que su cuerpo hasta hace solo algunos minutos habría estado con ella, con quienes todos sabían era la otra. Y a pesar de sus jóvenes 26 años, sintió que no debía soportar más esa angustia que le llegaba todos los viernes a la madrugada. Sí, solo los viernes a la madrugada, porque era una cuestión de costumbre... Y no soportó más y buscó el arma reglamentaria, esa que cargaba él todas las noches, y dudó un instante, pero la angustia fue más fuerte y sintió que debía hacerlo, por ella y por él... La verdad nunca se le había pasado por la cabeza pero algo le decía que sí.

No hubo diálogo, solo un frío intenso en el cuerpo de ella que levantó la reglamentaria hasta la altura del pecho, y él no dijo palabra, la miró y hasta quizás era algo que presentía, por eso no dijo nada, a ella sólo le cayó una lágrima, aunque le costara mucho llorar.

El disparo rompió el silencio de la madrugada, a esa hora no pasaba nadie por el lugar, pero todos se enteraron al otro día, cuando el mismo patrullero que a veces recorría pasó a buscarlo.

Era una cuestión de costumbre… y esa cuestión de costumbre hizo que Laura y Antonio se crucen hoy, quien sabe por qué caminos. Los dos tendían en el suelo. Era demasiado tarde para pedir perdón, aunque a veces ese perdón se pida por cuestión de costumbre...

Al otro día la causa estuvo caratulada desde el parte de prensa policial como “Homicidio/Suicidio”, intervino en el hecho el juez de instrucción de la ciudad, quien descartó la autopsia y entregó el cuerpo a sus familiares para su posterior inhumación.

Víctor tiene 35 años y es periodista.
E-mail:
victorprandina@hotmail.com