jueves, mayo 12, 2005

Un día de aquellos

Por Mario Gómez (Mendoza, Argentina)
Taller de Redacción

Erase una vez en 1980. Por primera vez mis ojos veían un estadio de fútbol repleto, era tanta la cantidad de gente que no entraba un alma más. Apenas contaba con 8 años y mis ojos atónitos por el suceso no querían perderse detalle alguno. La fría noche de invierno congeló mis manos entrecruzadas buscando un vapor de boca que al menos las calentase; fue cuando mi papá con esas manos tan cálidas tomó las mías y ya me sentí seguro, como para retar a todo desafío.

En aquellos años no era muy común ver la Selección Nacional recorrer la patria. Además estaba el incentivo de ver al campeón del mundo. Y con el agregado extra de ver a Diego Maradona, todavía en Argentinos Juniors, con 19 años .Era un plantel formado con 7 de los campeones del mundo ’78 (Fillol, Olguín Passarella, Tarantini, Gallego, Luque y Valencia) –porque no vinieron los que jugaban en el exterior– y por los campeones mundiales juveniles de’ 79 (Diego, Barbas, Calderón, Díaz).

El estadio mundialista, como se llamaba en esa época, lucía a pleno con 48 mil personas para ver a una especie de selección mendocina con el nombre de Gutiérrez. Al pobre Daniel Zuin lo hicieron revolcar muchísimo y fue el mas sufrido de los mendocinos.

La dinámica del equipo de Menotti fue superior y los ocho goles fueron una muestra de la diferencia que hubo: 8 a 0, pero poco importaba el resultado, sino los ilustres de la pelota que nos visitaban.

Cuando Olguín hizo un saque lateral me parecía que estaba en presencia de un marciano que había venido a alegrarme la existencia ante tamaño espectáculo.

Vi a un Maradona en su apogeo, imparable y brillante; se hablaba de un habilidoso, inteligente, capaz de desequilibrar en la mitad de la cancha donde pocos pueden, era la visión de los medios de la época en esos dorados años futbolísticos.

Era Gutiérrez Sport Club, pero por un eufemismo se lo llamó Gutiérrez Reforzado; a ellos se les unió el sanjuanino Mallea, el Negro Zolorza y el Cayo Logiácono. Como anécdota quedó para la historia el caño que Logiácono le tiró al Diego.

“Los Celestes” complicaron poco y nada al equipo nacional y, pese a lo abultado del resultado, en la tribuna se hablaba de que no había variantes de ataque. Menos mal, pensaba yo, las crónicas sentenciarían lo que sería una constante durante varios años mas, la “maradonadependencia “. Fue una noche memorable que ha quedado grabada en mis retinas por años.

Mario tiene 25 años y es empleado y estudiante.
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