sábado, mayo 21, 2005

UEPC ¿Corazón o estómago de los cordobeses?

Por Susana Alonso (Huinca Renancó, Argentina)

Han transcurrido ya varios años y, como Mempo Giardinelli en "El Santo Oficio de la Memoria" hace decir a uno de sus personajes, me pregunto: "¿Para qué todo este esfuerzo monumental que procura impedir que el olvido se entronice y nos deje en paz...?”. Al igual que él, no tengo respuestas.

Era el año 1996. Nuestro hacer transcurría calmo en Huinca Renancó, una tranquila localidad cordobesa donde yo trabajaba como directora en la escuela secundaria Dr. Dalmacio Vélez Sarsfield, cuando de pronto una decisión ministerial cambió la paz de los casi cuatrocientos alumnos y cincuenta docentes y no docentes: pretendían transformar nuestra institución en un simple ciclo básico, es decir, con sólo los tres primeros años.

Esa iniciativa fue recibida como un agravio gratuito y no tardó en desatar el descontento de la mayoría. La bronca se reflejó en las marchas a las que concurrieron habitantes de la comunidad, padres, alumnos y trabajadores de la educación. Hubo discursos en tarimas improvisadas que repudiaban tanto a autoridades como a callados gremialistas, marchas por las calles del pueblo y asistencia a programas radiales y televisivos para explicar el desastre que se avecinaba.

Atrás quedarían las Ferias del Libro que año a año la escuela organizaba, en la que siempre había algún invitado especial: María Esther Vázquez, María Esther de Miguel, Félix Luna, Juan Carlos de Pablo, Mempo Giardinelli, María Sáenz Quesada, integrantes de la Biblioteca del Congreso de la Nación, y tantos otros que aportaron conocimientos y materiales. Ya no podríamos gozar de exposiciones como las dieciséis acuarelas de Lola Frexas o la muestra de óleos y serigrafías de Santiago Mac Louhglin. Un esfuerzo realizado con la intención de mostrar a nuestros alumnos distintas variantes del arte, la literatura, la historia y la economía.

Esa era nuestra escuela. Producto de una acción comunitaria realizada ante la mirada indiferente de nuestros propios representantes gremiales. Durante aquellas jornadas se desató la primera gran movilización contra el poder "mestrista" y la burocracia gremial que desembocó en la tan nombrada "Marcha de las Antorchas", realizada en la ciudad de Córdoba y a la que concurrieron perjudicados de diversos lugares, mientras el entonces gobernador volaba rumbo a Moscú.

En tanto, el desastre ocurría en Huinca Renancó, nuestros gremialistas se llegaron hasta aquí, intentando copar palcos, organizar reuniones; pero, en su intento fracasaron pues fueron repudiados. Luego, sobrevino la voz del silencio: los gremialistas callaron y las autoridades retrocedieron en su plan invasivo.

¿Qué hacen hoy estos defensores de los derechos docentes? Continúan en sus puestos gremiales mediante perversos contubernios, que en algunos casos llegaron hasta permitir el armado de listas únicas, es decir un No a la opción de cambio y de este modo seguir usufructuando de la rapiña (tarjetas telefónicas para llamar a cualquier lugar del país, uso indiscriminado del único hotel que los docentes poseen en la Capital cordobesa, viáticos y pasajes en avión a diferente lugares para gritar defensas y murmurar acomodaticias situaciones para ellos).

Pero no queda aquí la descripción de su hacer, también ocupan bancas oficialistas a las que llegaron tapados en nuestras históricas "boletas sábana" .Quieren luchar desde adentro o, tal vez, algo más tranquilo: gritar ¡presente!, cuando algún mochilero con los sobresueldos reciba la orden de que también debe ir a la Legislatura. Por algo el ácido humor cordobés se refiere a ellos nombrándolos: “ruta dos” (camino a La Plata).

¿Surgirá alguna vez un gremialismo docente en nuestra Córdoba, que pueda hacer suyo aquel hermoso pensamiento de John Lennon: "Vale la pena ser un héroe de la clase trabajadora"?