viernes, mayo 13, 2005

Tras las huellas revolucionarias del Che

Por Bárbara Limoncelli (Buenos Aires)
Taller de Redacción


El 3 de octubre del 2004 me embarqué en una aventura inigualable. Llegué a Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, con la misión de recorrer y recrear los últimos días de Ernesto Che Guevara en el monte boliviano, su destino final.

Mi primera sensación fue de desmayo, el calor me invadió todo el cuerpo y la humedad comenzó a penetrar mi piel, ¡que calor hace en octubre en Bolivia! En el aeropuerto me esperaba Raúl, un boliviano corpulento y muy alto para la media del país, quien con una amabilidad a la que no estamos acostumbrados los argentinos, me indicó cuál era el auto que me transportaría hasta Vallegrande, lugar donde hace mas de 30 años el cuerpo del Che fue expuesto al mundo, donde su imagen quedó plasmada en la retina de todos. El día que su imagen trascendió a mito. El día que Vallegrande, un pueblito olvidado, se dio a conocer al mundo.

El viaje plagado de curvas, tierra y precipicios no hizo mas que acentuar mi malestar, sumado a que no había comido mas que unas galletitas de agua y una coca. Por suerte a medida que nos acercábamos al monte el calor disminuía y la temperatura se hacía agradable. Llegué a Vallegrande a las 8 de la noche, luego de 6 horas de viaje, con un deseo imperioso de comer y ducharme. Allí comenzaría la odisea, la pensión que me albergaría por 10 días no contaba con agua caliente, y el plato de comida del pueblo, como de todos los pueblos de nuestra amada y sufrida América Latina era pollo o carne sumado a arroz y papa, el pequeño detalle es que por propia voluntad, no como carne hace mas de 7 años. El ser humano se acostumbra a todo, ese fue mi primer aprendizaje y por lo que viví esos intensos días debo agradecer a diario como la vida me ha dejado elegir la historia que quiero vivir. ¡A veces nos quejamos por cada cosa!

Vallegrande es un lugar que estaría olvidado en el planisferio si no fuera por que una tarde de octubre de 1967 el cuerpo del último gran revolucionario de nuestro siglo fue expuesto luego de ser asesinado a quemarropa en la comunidad de la Higuera, mi próximo destino.

La Higuera es un lugar inhóspito a 3 horas en auto de Vallegrande, donde cada minuto del peligroso recorrido te hace pensar en un Dios aunque no creas fehacientemente que exista. Actualmente no viven más de 20 familias, sin luz, escasez de agua y por supuesto muchísimas veces sin comida, cuando el clima se venga no sé de quién ni de qué y los deja sin lluvia por meses. Todas las casas son de barro y muy pocas tienen más de una habitación donde conviven varios miembros de la familia. Sólo 30 niños van a la escuela donde sólo hay dos maestros. Los jóvenes en casi un 100 por ciento emigran a poblados más grandes en busca de una oportunidad. La plaza, como en todo pueblo es el centro de la comunidad, donde un busto gigante de Ernesto Che Guevara, se levanta como símbolo del lugar. La Higuera, es visitada por miles de extranjeros, que llegan allí deseosos de conocer los últimos momentos del Che, de recorrer la Quebrada del Churo donde lo atraparon, de entrar a la escuelita donde estuvo preso hasta que lo mataron. Todos los habitantes tienen su historia, todos lo vieron y todos pudieron cruzar alguna palabra con el, verdad o no, es parte de la mística del lugar y uno lo acepta sin deseos de contradecir. Ellos saben muy bien que gracias al Che hoy este lugar olvidado se ha convertido en un punto turístico muy importante, donde cada 9 de octubre llegan turistas de todas partes del mundo, algunos con más o menos dinero que otros, pero todos deseosos de saber mas, y ellos, los campesinos del lugar, han logrado encontrar la manera de seguir sobreviviendo. Hoy agradecen al Che lo que les ha dejado, hoy Ernesto Che Guevara es, en estos parajes, conocido como El Santo Che.

El 10 de octubre emprendí el regreso, con una sensación rara en el cuerpo, como me duele este pueblo, como me duele cada historia, como el hombre se acostumbra a todo, pero no es justo a lo que estos hombres han tenido que acostumbrarse. La pobreza invade cada esquina, pero también es fácil encontrar una sonrisa en cada cuadra, la amabilidad de la gente, su entereza, su fuerza, su esperanza es tan grande que hace de este punto en el mapa un lugar inolvidable.

Bárbara tiene 28 años y es productora.

E-mail: blimoncelli@hotmail.com