sábado, mayo 21, 2005

Tierra de sol y agua... y de incomunicación

Por Víctor Prandina (Reconquista, Argentina)

Una voz tenue me decía que algo estaba por ocurrir. Desperté sobresaltado y en los primeros segundos sin saber dónde estaba me apresuré a salir de la habitación. Me encontré con el silencio y a la vez con los sonidos de la noche... que por cierto son muy interesantes.

La noche me había atrapado en un pueblo de la zona de la cuña boscosa. Mi oficio de periodista me lleva a recorrer estos inhóspitos y a la vez hermosos lugares del norte de la provincia de Santa Fe.

Esta vez la misión era encontrar los problemas más acuciantes de incomunicación que tienen los pueblos del departamento Vera, todos ubicados sobre rutas de tierra, y casi sin inversión en líneas telefónicas, por lo que las comunicaciones no son de las mejores.

Y me encontré solo en Intiyaco, (inti: sol; yaco: agua) un pueblo de aproximadamente 2.000 habitantes, quizás esos habitantes sean menos de los que pueden vivir en una manzana del barrio de Caballito en Capital Federal.

Y claro, son dos mil votos... o menos... por eso nunca llegan las tan anheladas obras en caminos, en servicios sanitarios, en distintas infraestructuras.

El tema ya estaba instalado, estaba centrado en las posibilidades que tienen estos argentinos, quienes también se alegraban con un gol del “Bati”, quien tiene algunos campos en esa zona, o argentinos que también se violentaban tanto como cualquier porteño cuando tenían que hacer un cacerolazo y desde allí no podían ser escuchados.

Y aproveché el sobresalto, comencé mi recorrido bien temprano por las calles del pueblo donde a cada paso me arrimaban un amargo o uno bien dulce y la pregunta era ¿por qué las incomunicaciones?

¿Por qué el gobierno o a quien le corresponda no se hace eco de los viejos reclamos?

Y las respuestas eran casi todas las mismas. “Acá no hay votos”, “No se acuerdan de nosotros”, o “Los funcionarios siempre se quedan detrás de los escritorios y no vienen a ver en qué condiciones vivimos”.

Pero no solamente quise saber la opinión de los que viven allí sino vivirla, padecerla, porque me di cuenta y comencé a sentir que la lluvia era cada vez más fuerte... los caminos comenzaban a transformarse en barro, y a medida que pasaban las horas era la lluvia más torrencial. Duró casi tres horas. Y fueron 150 milímetros. Y sí, allí sentí y padecí en carne propia lo que siempre en teoría para mí eran las “incomunicaciones” de los pueblos de la zona monte.

No solo que fueron 150 milímetros, en algunos sectores del pueblo no había energía eléctrica, una mujer entraba a la comuna a pedir que le fueran a sacar el agua que había entrado a su vivienda. Y el médico del hospital tuvo que sacar una parturienta en la japonesa 4 x 4 que tiene el presidente comunal porque la ambulancia tenía rota la caja y el camión con las mercaderías perecederas tuvo que esperar unos tres días hasta que secaran los caminos.

Decidido me quedé y me arriesgué a seguir sintiendo lo que periódicamente sienten estos pobladores. Y me invadió la angustia de saber que ni siquiera podía leer un diario, yo, acostumbrado a la internet.

Entré en la casa de los Castillo, y a lo lejos sonaba un chamamé y la voz de los locutores de “El Cartero de la Radio”, un programa de la AM de Reconquista que me informaba que allí también llovía y que varias personas no podían llegarse hasta el pueblo por falta de caminos.

Fueron tres días inolvidables. Sí realmente no me olvidaré de esa experiencia vivida en carne propia, cuando en la tierra del sol y el agua, en esta oportunidad fue más agua que sol.

Y los problemas siguieron y seguirán, al igual que las promesas de funcionarios y candidatos de turno que especulan con las rutas y con las comunicaciones que quizás, nunca llegarán.