viernes, mayo 13, 2005

Políticamente incorrectos

Por Marcela Flury (Rosario, Argentina)
Taller de Redacción

Una mesa rectangular, hombres por un lado, mujeres por otro, división inconsciente y mecánica, quizá en busca de un diálogo ameno, en común, despojado de compromisos o en compromiso con un tiempo ocioso que hay que llenar de algún modo. Tratando de hilar palabras, buceando en un índice los temas de siempre, con introducción, nudo escueto y un desenlace predecible.


El frío de la calle no se atenuó a pesar de los cuerpos reunidos y en un acto de valentía me saque el pulóver que cinco minutos después a pesar de unos cuantos vasos de vino y con el estómago lleno tuve que volver a ponérmelo.

Con mi compañera hablábamos de ella, de quién, años atrás, nos había convocado sin saberlo. Sosteníamos los mismos principios, sus ideas y proyectos, se trataba también de nuestra lucha.

La militancia te invita a crecer. Nos costó madurar en ese espacio, advertir el quiebre de los cimientos que sostenían nuestro hogar; cómo las ansias de poder de unos pocos se tragaban la costa con la crecida del río. La emergencia de la estructura gano terreno, el contenido enflaqueció y perdió fuerza.

En esta Rosario de fábricas mutiladas y de nacientes expresiones artísticas que saben mirar de reojo lo político, expresando lo culturalmente correcto, lo establecido, estábamos nosotros, molestos, indignados, desafiantes y jóvenes; sintiéndonos parte de algo inmenso, expresándonos sin ataduras y sin miedos.

En la sobremesa el padrino invita al diálogo, quiere saber "qué andan cuchicheando".

En un acto de lucidez, empiezo a expresar lo que siento, sin alusiones directas los incluyo, cuando en otro momento habría puteado a los gritos. Me interrogo, sé que he madurado en este tiempo, noto cómo he crecido, el rumbo que he tomado. Sé con angustia que algunos resolvieron ser buenos muchachos, no soy rencorosa ni vengativa, no puedo culparlos. Pero extraño a los que hoy no están, los que fueron expulsados.

Es su despedida, no se va a otro país. El sur no es otro país. Sé que me escuchó, entiende lo que digo, lo toma, dejo que hable.

Lo resume todo en cinco palabras: _El medio es el fin_

Llega el momento del brindis, a él no le gusta ser protagonista, lee mis pensamientos y manifiesta que le hubiese gustado que estén presentes los muchos otros que faltan.

En un acto forzado y complaciendo a los hedonistas, cada uno de los presentes debe decir unas palabras. Hay risas e ironías: _ A pesar que ya no estás_ (jajaja).

Sin embargo, para mí estás presente, tan presente como en aquellas asambleas que se prolongaban por horas, con discusiones llenas de pasión, de sinceridad absoluta, poniendo cuerpo y alma, en tanto nos formábamos y aprendíamos del compañero.

Me toco hablar a mí. _ Te voy a extrañar, ya te extraño, hace tiempo. Y espero que vuelvas._

La reunión terminó. En un acto impulsivo, sin querer que pase la noche, en mi casa, sin vos, sin la compañera, sin ese triángulo amoroso con sobredosis de principios y moral, que tanta falta hace, con provisión de puchos, cartas y café, me quede con ellos. Pero nada volvió a ser como antes.

Conocer genera angustia, no nacimos para ser buenos muchachos. No negociamos, no cedemos, no apostamos a lo políticamente correcto.

La conciencia está intacta, el corazón herido, no nos resignamos, no nos conformamos. No hubo despedida, faltaban los nuestros, los que no traicionan sus principios, los que saben, como yo, que no te fuiste y vas a volver.

Marcela tiene 27 años y es estudiante.
E-mail: mflury77@sinectis.com.ar