viernes, mayo 27, 2005

Manos en la masa

Por Guadalupe Gómez (Buenos Aires, Argentina)

La luz blanca del tubo fluorescente se convierte en naranja bajo la captura del lente de la cámara. En consecuencia, esa tonalidad se apodera de la escena.

El cansancio en el rostro se impone frente a la mirada de cualquier observador. Basta contemplar la resistencia de los párpados para mantenerse bien arriba y el protagonismo de las ojeras. Sin embargo, una sutil sonrisa se pinta en su semblante salpicado de polvo blanco.

Quizás sea producto del agobio que provocan algunas tareas manuales o las largas horas que lleva trabajando o, simplemente, que es la medianoche. La aguja mayor de un reloj de metal que reposa sobre un estante de la izquierda y que pareciera perderse en la vaguedad del fondo indican que con un poco más de esfuerzo en breve alcanzarán la quinta línea.

Como si se pelearan, los puños cerrados de Hernán estiran la masa del pan sobre la mesada cubierta de harina. Las venas de los antebrazos parecen querer escapar de los límites del cuerpo y algunas líneas azules se dibujan sobre su piel blanca. Por momentos, imagino que tanta fuerza podría ser capaz de impulsar esas manos fuera de las fronteras de la foto. Un palo de amasar olvidado es testigo de la energía que pronto se acabará.

Hace calor, probablemente mucho. Aunque tímidas, algunas gotas de sudor asoman por debajo del pañuelo que lleva en la cabeza y le frena la llegada del flequillo a la frente. También de la transpiración. Tiene puesta una remera de mangas cortas y un delantal que acaso alguna vez fue blanco. Puede que el horno ya esté encendido esperando una nueva tanda de futuros panes o que las altas temperaturas del exterior se hayan colado en aquella cocina.

Como si quisiera perderse del mundo, el fondo se oculta tras la imprecisión. No obstante, la madera de la alacena se luce modestamente.