viernes, mayo 13, 2005

Los dioses pasaron por Rosario

Por Alejo Miranda (Rosario, Argentina)
Taller de Redacción

Difícilmente pueda haber un lugar más adecuado para ver una audición de Alejandro Dolina que un anfiteatro. Gustosos estarán los dioses que él convoca de habernos acompañado esa noche. Eso sí, tienen que haber llegado temprano o no entraban. No sé cuanta gente cabrá en el Anfiteatro Municipal de Rosario Humberto DeNito, pero no había lugar ni afuera. "Afuera del afuera", decía Dolina.

Seguro estaba Selene, iluminando desde una luna casi llena. Y Momo, dios de la risa, por supuesto. Yo casi me quedo afuera. "Afuera del afuera", mejor dicho, ya que el espectáculo era al aire libre. Cuando llegué, con media hora de anticipación, la entrada ya estaba saturada, por lo que me arriesgué a escalar barranca abajo. No era el único, claro, pero entre los arbustos de los que me sostenía encontré un recoveco desde donde se veía decentemente. Ni loco me quedaba afuera, en el parque Urquiza, donde se había instalado una pequeña pantalla gigante. Allí tampoco había mucho lugar.

Pero no es lo mismo. No iba a estar mirándolo por tele cuando lo tenía a unos metros. Como tampoco es igual a escuchar "La venganza será terrible" por radio. Detesto oír que la gente se ría y no saber por qué, no poder reírme yo también.

En vivo es otra cosa. El vínculo que se produce entre el conductor y los espectadores es mágico. Un gesto o una mirada bastan para hacer estallar al auditorio en una carcajada.

No era la primera vez que lo veía. Y por más que la estructura del programa siga siendo la misma, por más que algunas historias se repitan, por más que hasta su sentido del humor se torne a veces predecible (de tanto escucharlo noche tras noche, supongo), verlo en persona, ante tal multitud y en tan propicio lugar, es un acontecimiento único.

Y este viernes estuvo especialmente inspirado. Al menos así lo sentí yo, y seguramente cada uno de los presentes, jóvenes en su mayoría. Quizás haya estado Afrodita oficiando de musa. Bueno, en Rosario hay muchas Afroditas.

Comenzó con el habitual relato histórico/mitológico. Esta vez: "Los árboles parlantes". Las historias, deliciosas, van de Parque Chas hasta la China, pasando por Sherwood. Como epílogo, un tango bien cantado por una invitada cuyo nombre no retuve. Luego mi parte favorita, esa en la que a partir de un artículo de revista femenina imagina desopilantes situaciones. Genial. Es su capacidad de identificación con el público lo que, a mi entender, hace tan popular al "Negro". Digo, quién no se enamoró alguna vez arriba del 146.

Porque no es común que una audición radial tenga tanta aceptación en vivo. (Bah... no es común que una audición se pueda ver, punto). Mucho menos que, en una época signada por la fugacidad de lo audiovisual, un programa de radio en el que la inteligencia y la reflexión juegan un papel trascendental convoque multitudes. No quiero decir con esto que Dolina sea un exponente de la intelectualidad nacional; no lo sé. Pero, como Fontanarrosa, logra una inusual combinación de cultura y masividad.

El final fue a toda orquesta, cantando temas populares. Yo también me fui cantando, feliz de no haberme quedado afuera, a tomar el 146.

Alejo tiene 26 años y es estudiante.
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