viernes, mayo 27, 2005

La mirada

Por Alejandro Toro (Punta Arenas, Chile)

A su esposa no le gusta. El, en cambio, siente una especial predilección por esa imagen; tiene algo, más allá que él tomara la fotografía, que lo conmueve. Tanto llama su atención que, ampliada 40 x 30, colgó la foto pegada a un bastidor de madera en una de las paredes principales del living de su hogar.

En la foto sólo hay dos elementos: parte de una casa de muñecas de madera pintada lila y, adentro, un niño de un año y medio que observa hacia afuera, con la vista al cielo, a través de una ventana sin vidrios de marcos blancos, dividida en cuatro rectángulos por dos listones de madera en forma de cruz. Es Matías, su hijo. Viste una camisa de franela verde y rayas blancas, bajo la cual asoma tímida una camiseta, cubierta por un poncho negro de gabardina orillado con un cinta tricolor blanca, roja y azul. Seguramente en puntas de pies para mirar mejor, los brazo de Matías están alzados. Con el propósito de mantener el equilibrio, su mano izquierda afirma con fuerza el marco de madera que divide el centro de la ventana; la derecha, lo toca apenas. De su nariz brota un hilo de moco que llega a hasta su boca pero no entra. Una leve mueca denota que sus muelas mantienen aprisionado algo de comida, tal vez un trozo galleta o una golosina.

Su mirada, algo triste, nace de unos grandes ojos negros anclados en una cara de mejillas amplias, de esas que los adultos sienten deseos de apretar con los dedos, y se pierde, inocente, en el infinito. Poco entiende de Fiestas Patrias y menos de la costumbre en los jardines infantiles de, en septiembre, montar actos en los que los niños bailan cuecas, valses chilotes y recitan poesías, aunque no quieran. No. Matías sólo piensa o sueña -en los niños es casi lo mismo- en una o muchas cosas y no se da cuenta que su padre robó parte de ese momento y lo atesoró, para siempre, en una fotografía.