sábado, mayo 21, 2005

La carrera de la vida podada en dos hojitas

Por Marcela Flury (Rosario, Argentina)

Domingo 15 de mayo, en estas páginas grises uno desafía al sistema. Se trata de una inversión, estar dentro equivale a mantenerse informado con el diario más importante de la región y, antes que nada, bucear, explorar en los clasificados algo que no invite al suicidio y permita patear las calles, una semana más, hasta el próximo domingo. Primer paso: desembolsar 3 pesos.

Segundo paso: armar el curriculum se vuelve un arte. La elección de la tipografía, la presentación de esos datos escuetos sobre quiénes somos, cómo y qué hicimos, todo bien clasificado, presentado. Comprensible y, en lo posible, abundante. Eso sí, para darle más vida, más color, se necesita una buena foto -lamentablemente, para los no fotogénicos- cuerpo entero, medio cuerpo, o foto carnet.

Las primeras semanas la inversión es generosa, mandamos a todos lados, con la esperanza de lograr una entrevista y una oferta digna de quienes nos quieran contratar -si el trabajo no es en negro- claro está. Entre sobres, papeles, tinta, fotos, correo, ya perdimos la cuenta de los gastos.

Pasados los dos meses empezamos a ser más selectivos, entramos a preguntarnos para qué servimos, si seremos útiles. Priorizamos posibles trabajos, no hacemos todas las colas, intercambiamos comentarios con compañeros en la misma situación:

-¡Encontré una fotocopiadora barata en zona sur!

-¿No sabés de ninguna por el centro? Porque lo que no gasto en fotocopias se me va en colectivo.

Parece que la rutina me persigue, domingo tras domingo, reviso los clasificados del Diario “La Capital”, tomo 3, páginas 11 o 12, de acuerdo a la oferta que haya esa semana. Los avisos no cambiaron: “importante empresa busca”; “empresa de primer nivel solicita”; “multinacional necesita”; “empresa líder nacional pide”.

Otros avisos del tipo: “se ofrece señor para trabajos varios”; “...para todo tipo de tareas”; “...para cualquier tarea”; o “señorita 24 años con estudios necesita empleo serio”. Oyeron bien, serio; estos últimos avisos clasificados provienen de personas más optimistas, me atrevería a decir, demasiado crédulas, cuya confianza en sí mismas o en la posibilidad de que los llamen, me da un toquecito de celos mezclado con cierta ternura.

Con el paso del tiempo, empieza a torturar la “inexperiencia”, piden 3 años como mínimo en puestos similares, idioma inglés o portugués; carnet de conducir, manejo de PC o centrales telefónicas. Después, les cuestiono a mis padres la falta de “Danonino”, ¿de qué otra forma conseguir 1,70 metros de altura? Si quieren rubia, vaya y pase, me tiño el pelo, pero salvo que use zancos, la altura...

Entra la desesperación, la angustia, la depresión, ¿cómo? La depresión que no tiene que ver con el factor tiempo, si entendemos por tiempo la edad de uno. Sí con las historias, los pedacitos de historia que olemos a nuestro alrededor y la nuestra, de la que no podemos despegarnos como si se tratase de la mismísima sombra.

El factor suerte ya no entra en juego. Si un tipo como mi viejo, con 64 años de edad, recibido de técnico mecánico, laburando desde el tercer año de secundaria en diferentes talleres metalúrgicos, quien pudo abrir su propio taller y resistió durante años bajar la persiana. Si un tipo con experiencia, con años de oficio, haciendo piezas seriadas para maquinaria agrícola, vagones ferroviarios, chasis de ómnibus; un tipo que creía en lo que hacía porque, además, hacia lo que le gustaba, hoy no tiene trabajo. Entonces, que no me vengan con el cuento del factor suerte, la falta de experiencia ni ocho cuartos.

No se trata de suerte, sino del maldito sistema capitalista -y estoy siendo suave- que excluye a viejos como a jóvenes. Soñar es -anótelo bien y no lo olvide- la “operación triunfo” del sistema y la “operación masacre” hacia el pueblo.

El deseo nunca está en uno, está en los otros, en lo que los otros decidan por nosotros, mientras sigamos dependiendo de ese estúpido curriculum vitae que resume lo que somos en dos hojitas y nos hace sentir que somos nada.