viernes, mayo 27, 2005

Juicio y castigo

Por Guillermina Deluppi (Córdoba, Argentina)

La imagen podría pasar, como tantas otras, desapercibida. Diarios, revistas de actualidad, noticieros: todos reflejan estas imágenes como cotidianas y no nos detienen la mirada. Las pasamos apurados, corriendo la vista, pretendiendo no verlas para que no nos toquen.

Pero ésta, en particular, esconde algo funesto. Nos frena en seco la mirada y nos obliga a salir de la enajenación a la que somos sometidos a diario. Un hombre, de más de sesenta años a juzgar por sus rasgos gastados y su cabeza blanca, le habla con firmeza a una multitud dolorida con el micrófono que sostiene en una de sus manos; en la otra, una pancarta caída hacia el costado. Su rostro denota el cansancio de toda una vida entre fábricas y miserias; conviven en él el desaliento, la desazón; pero también el brío y la entereza de quien ha perdido un hijo fruto de la inoperancia ajena.

A su lado, una mujer de corta edad, inclinado apenas el rostro sobre la carita del pequeño que carga en brazos, se las ingenia para sostener bien alto con su mano libre un cartel; la inscripción dice: "Juicio y castigo a los culpables". La mujer tiene los ojos vidriosos, pero no llora. Aunque se percibe la impotencia en su mirada, ella sabe que tiene que ser fuerte por su pequeño hijo que la mira sin comprender todavía.

Su remera, de la que sólo alcanza a verse la mitad, tiene plasmada en un recuadro la foto de un veinteañero. Quizás el mismo que momentos antes de aquella noche fatídica se despidiera de ella, beso mediante, con un: "Te amo, nos vemos a la vuelta del recital"... Pero la vuelta -su vuelta- nunca llegó.

Tampoco llegó la vuelta de tantos otros, cuyos amigos y familiares han quedado presos en este retrato, para que la memoria no olvide. Como telón de fondo, bajo un cielo gris y lúgubre: la multitud -composición heterogénea de edades y religiones- que con sus gestos furiosos, sus elocuentes carteles y sus banderas en alto, unen de una punta a la otra el mismo reclamo: justicia.

Justicia para los doscientos pibes nuestros que la masacre de Cromañón nos quitó.