viernes, mayo 13, 2005

Entre presentes y ausente. Un homenaje debido a Gastón Gori.

Por Ernesto Arzamendia (Reconquista, Argentina)
Taller de Redacción

En el norte de Santa Fe hace casi una semana que el otoño se hace sentir. Llovizna, humedad, "hojas del árbol caído, juguetes del viento son", me viene a la memoria.

Los colores ocres se espantan a veces entre sí, en el remolinear del viento. Cuando llega la calma es una exquisita paleta de pintor que cualquier creador envidiaría.

Este paisaje de calles pocos iluminadas hasta llegar al Teatro Español, me acongoja un poco mas el corazón, que sabe, que el viejo Gastón ya no está.

A Gastón Gori lo conocí ya de grande. Mas de 80 tenía este viejo sencillo que amaba los pájaros, los niños. Me lo presentó Cesar Ramírez, profesor de Historia, a quien Gori en vida, junto a su compañero David Quarín, los nombró herederos de su obra. Nada mas y nada menos.

Cesar y David, parece historia antigua, pero no. Estos hijos de viejos forestaleros y viento norte formaron el Grupo de Profesores de Historia, y a puro esfuerzo llevan adelante quizá el único grupo de estudios históricos, serio, en el norte de Santa Fe.

El homenaje de este viernes pasado, tenía sus antecedentes. Gastón Gori hacia dos años había estado en Reconquista, junto a Osvaldo Bayer. Fue aquella una noche de excelsitud literaria investigativa. Se reunían y contaban la historia de sus obras cumbres, "La Forestal, la tragedia del quebracho colorado" y la obra que luego se conocería en el cine nacional bajo el título de "La Patagonia rebelde", dos escritores santafesinos célebres.

En el moderno cine RECITE había gente sentada hasta en los pasillos. Mil trescientas butacas tenía el hoy convertido en bowling, por avatares postmodernos. Pero esa es otra historia.

En cambio, por estos días se homenajeaba a quien nos dijera adiós en una tórrida tarde del verano santafesino de 2004.

Decíamos que fue en el Teatro Español. En el retablo tras una mesa que siempre distancia y todavía no aprendimos a quitarla del medio, se encontraba de izquierda a derecha, Cesar Ramírez con todo el cansancio de un día largo y ocupado para que todo saliera bien. De su discurso rescato la ecuación maldita que hace tanto tiempo denunciara Gori: deuda externa por recursos naturales.

Osvaldo Bayer, también cansado con tanto traqueteo. Los huesos ya no le responden como fuera hace dos años. Hubo que ayudarlo a bajar por la escalera. De él retengo su principal manifestación: "Yo decidí escribir la historia de los anarquistas de la Patagonia, luego de leer La Forestal". Y rememoró, lectura mediante una reedición de dicho libro prologada por él, las penurias de los peones forestales, chaqueños, paraguayos, correntinos en su mayoría.

Y por último el cineasta Juan Carlos Arch introdujo con anécdotas del rodaje la película "Una vez la poesía". En ella, en paralelo, Birri ("Tire dié", "Los Inundados") y Gori se muestran. Birri demostró su veta de actor desopilante y Gori tan sencillo como siempre desgranan ideas sobre la vida y la muerte, el amor y el odio, el arraigo y el desarraigo, la justicia y su contracara, etcétera.

Cabe recordar que ambos integraron el grupo Spadalirius, en la Santa Fe de la Vera Cruz, de los delicados años 40.

Luego vinieron los reconocimientos para Bayer, para la familia Marangoni, tal el apellido real de Gori. Su hija Mónica con esos ojos de cielo, nos hizo vibrar con lo que transmite la sangre, y para el cineasta Arch.
En Reconquista, en otoño, en el Teatro Español, en el año del Quijote, se vivió la fiesta de la memoria, daba ganas de gritar muera el olvido. El viejo y sencillo Gori nos habrá hecho, seguramente, un guiño desde el cielo, Bayer volvió a sus luchas, y Arch a sus películas...

Se cumplió el rito, honrar a nuestros muertos, y dije nuestros, aunque las tragedias que ellos describieron sigan danzando entre nosotros como sombras macabras.

Ernesto es periodista; no sabemos su edad.
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