viernes, mayo 27, 2005

El ángel exterminador

Por Marcela Flury (Rosario, Argentina)

Kurt está sereno, ya desató la furia del pueblo sin miramientos frente al general Varela, se lo ve confiado, seguro de sí mismo.

Sus ojos posan erguidos y atentos leyendo lo que acontece en diagonal a él. Sus mayúsculas orejas se revelan alertas, el pulgar y el índice acarician el lóbulo izquierdo, mientras el medio, el anular y el meñique se sitúan sobre la parte superior de sus oídos abriendo un canal sin ruidos e interferencias que conduzca al entendimiento. Con los dedos medio y anular sostiene el tabaco consumido en parte.

Su cuello se asoma tímidamente, pero cargado de presencia por ser el conector y el soporte entre la razón y la pasión. Sus labios carnosos, apenas inclinados hacia su derecha, siguiendo la línea de sus ojos, ya hablan. La camisa holgada cae sobre los hombros con algunos pliegues, desacreditada ante la expresión del rostro de su dueño.

Esa mano, la que se deja ver, sólo puede ser la extensión de un cuerpo sólido, fuerte, propio de un obrero.

Es fácil detenerse en la frente ya que se muestra generosa descansando sobre las cejas tupidas, esa frente planchada y sedosa, manifestando la tranquilidad de haber cumplido como hombre, como obrero y anarquista.

(El ángel exterminador es el título del epílogo del libro “La Patagonia rebelde”, de Osvaldo Bayer).