viernes, mayo 27, 2005

Dos niños

Por Jimena Riveros (Mendoza, Argentina)

Lejos de los celos, sentados sobre una cama hay dos niños. El más grande (de unos cinco años) de pelo corto y oscuro envuelve con su brazo izquierdo el cuello del bebé; su mano se desliza con cierta soltura sobre el pechito inclinado del que hace no mucho estaba llevando una vida intrauterina quien, por su parte, lidia con un cuerpo que todavía no maneja muy bien y permanece inclinado usando sus manos como soporte.


El chiquitito tiene un simpático pelo medio rojizo y ojos despiertos, atentos.


Los dos miran sonrientes. El mayor apoya su espalda contra un tapiz, con las piernas estiradas y cruzadas, mientras que con el brazo derecho sostiene una pelota azul. Pareciera que en realidad cuida, sin que nadie se percate, de tenerla lejos del bebé.

La imagen sugiere un clima de risas, de ambiente cálido e invita a proyectar sobre estos niños un futuro que los encuentre juntos. Inevitablemente hace reflexionar también sobre cómo estará el mundo cuando sean adultos. ¿Qué valores prevalecerán? ¿Estarán ellos preparados para afrontarlo? Y lleva, quizás, a que cuestionemos nuestro rol actual y repensemos la sociedad que les estamos dejando.

La actitud del más grande es conmovedora, de mucha protección. Esos ojitos, grandes y penetrantes, hablan de amor. Se destacan sus pies en un primer plano. Pies inquietos, movedizos, poco relajados.

Ambos niños llevan en su muñeca izquierda una suerte de pulserita color roja. Se dice que las cintas rojas son contra la envidia, pero ¿de quién?, ¿quién habrá querido cuidarlos de ese tipo de influencias? ¿O se las habrán puesto por que sí o ante la duda?

El marco es de cotidianeidad. La escena hace imaginar que es una situación vivida a diario. Puede ser un dormitorio o un living. El tapiz, rústico, de colores, se contrapone al cubrecamas blanco que muestra posibles huellas de alguno de esos niños dejadas tras haber jugado, ante un descuido de sus padres, con fibras de tinta indeleble.