viernes, mayo 13, 2005

Crónica de una partida

Por Tomás Amans (Olivos, Buenos Aires, Argentina)
Taller de Redacción

Juego de rol, juegos, de rol. Por más que se repite parecen resistirse a entregarnos alguna imagen familiar. RPG (roleplaying game en inglés) evoca abreviaturas eficaces, anglopensantes.


En el resultado final tenemos cuatro personas (cuatro hombres casualmente) alrededor de una mesa... actuando diálogos, consultando libros, tomando notas, tirando dados y luego reevaluando el devenir del juego.

No están improvisando teatro, no quieren ser autores ni actores si bien uno de ellos lo es. Otro alguna vez quiso ser novelista. No están escribiendo una historia, lo acontecido sólo está destinado a mezclarse con sus propias memorias y ser más adelante reconstruido imperfectamente y con nostalgia. La historia tiene la inmediatez y la fugacidad de una partida de poker. En definitiva es sólo un juego, ¿menos, más?

La partida empieza con preliminares ya establecidos y puntuales, una cena de comida cantonesa (ni jao ma, chao fan, chao mien, etcétera) mientras se comentan los peores programas posibles del viernes a la noche, salpimentado con las ultimas novedades de internet lo que hace desembocar en las preferencias sexuales de cada uno, comentadas un poco abiertamente y otro poco en los rincones.

Esta vez hay dos invitados externos al juego, su desdén hacia la actividad de sus amigos/conocidos es bastante evidente pero tampoco ofrecen una alternativa concreta salvo maravillarse con el último celular traído de afuera.

Finalmente los no iniciados deciden más bien abruptamente retirarse. Los cuatro disimulan mal su satisfacción y su propia condescendencia hacia el mundo exterior.

Reunidos en la mesa tenemos finalmente a tres personajes frente al destino. Habitan un mundo derivado del de las obras de Tolkien lo que los ha convertido en medievalistas aficionados.

Aparentemente la semana anterior sus avatares habían quedado en una situación comprometida frente al "destino" (que se sienta en la cabecera). En el universo propuesto han tenido pocas chances de evadirse de autoridades de toda laya y se han convertido en fugitivos crónicos de los caprichos del director o "Master". Fuerzas del mal y del bien todas igualmente autoritarias y pragmáticas les han hecho propuestas que no podían rechazar y ellos las han rechazado. Los tres se alzan de hombros ante la insistencia del director en hacerles caer toda clase de enemigos del cielo como castigo y "consecuencia natural" de sus actos. Ya han discutido el tema y esperan en las próximas semanas pasar el puesto en la cabecera a uno de los otros.

De pronto una discusión explota con poco o ningún aviso. Uno de los jugadores se queja de que lo interrumpen, de que cortan el hilo de su iniciativa. Los otros parecen perplejos, no se esperaban el estallido. Finalmente le dan en parte la razón. La partida continúa, son las 4 de la mañana pero han recobrado bastante de la atención perdida con el correr de las horas. Se pregunta la hora pero se sigue jugando, entonces sucede el desenlace. Los tres héroes fugitivos se liberan de sus enemigos y los atacan por sorpresa (a traición). Luego victoriosos se alejan de la escena del crimen, siguen huyendo, huyendo...

Por súbita misericordia o auténtico arrepentimiento el destino los ha dejado hacer más vale fácilmente.

-Bueno, ¿dejamos acá? -avisa uno por lo bajo.

La sesión se levanta. La noche se desgaja en comentarios trémulos, somnolientos en la parada del 60 y de regreso a la "realidad".

Tomás tiene 29 años y es cuentapropista.
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