viernes, mayo 13, 2005

Crónica de una feroz contienda

Por Guillermina Delupi (Córdoba, Argentina)
Taller de Redacción


Pasadas las 2 de la madrugada del sábado 14 llegaron al precinto 1, donde habían sido trasladados los manifestantes que resultaron detenidos hacía algunas horas atrás.

59 integrantes de distintas agrupaciones, eran el saldo que había dejado la colosal represión sucedida mientras resistían firmemente el desalojo de la Clínica Halac ocupada por los trabajadores, luego del vaciamiento por parte de sus dueños.

Una vez enterados de los nombres del total de detenidos, empezó el operativo: los teléfonos de todos los que no estaban enterados de los sucesos comenzaron a sonar a las tres de la mañana y la noticia corrió como reguero de pólvora: "Tenemos compañeros detenidos en la 1ra., avisen a los demás y vengan urgente", era la frase que repetían en cada llamada.

Los barrios a los que no se llegaba telefónicamente fueron transitados en auto por dos de los presentes, y ya para las seis y media de la mañana eran más de ciento cincuenta los manifestantes agolpados frente a la comisaría. Los primeros liberados fueron trabajadores de la Clínica Halac, que con rostros abatidos, se abrazaban al resto llorando. Habían sido arrancados salvajemente de sus puestos de trabajo luego de mas de 20 y 30 años de estar en la Clínica.

Los siguieron unos pocos compañeros del Sindicato Luz y Fuerza. Aún así, quedaban muchos de otras organizaciones sociales, de los que no se tenían ni noticias.

Llegada la media mañana, la represión policial se trasladó de la Clínica al Precinto, al ver que cada vez eran más los que llegaban a exigir la libertad de los detenidos.

La presencia del camión de bomberos (el mismo que habían usado en la represión de la Clínica) y una camioneta de la que bajaban nuevos efectivos de la infantería, eran la prueba contundente de la intención de evitar, nuevamente por medios violentos, que siguiera acrecentándose la manifestación que ya alcanzaba a las 500 personas.

El rumor de que un dirigente sindical y varios miembros de otras agrupaciones sociales no obtendrían la libertad hasta el lunes redobló el temple de los allí reunidos, quienes se mantuvieron, las 18 horas que duró la batalla, de pie frente a la comisaría cantando, tocando bombos y gritando consignas de libertad a los "presos por luchar". Ni los cuatro cambios de guardia que hizo la policía pudieron contra la firmeza y tenacidad de los presentes a pesar del justo cansancio.

Pasado el mediodía, uno de los abogados insinuó la intención de la policía de trasladar a los detenidos abajo, a los calabozos, con lo que se perdería el contacto visual mantenido con ellos durante toda la madrugada.

La respuesta fue contundente: si los trasladaban deberían atenerse a las consecuencias. El temor a que se reprodujera lo de "El Jagüel" los hizo dar marcha atrás con la medida.

Mientras tanto, los cánticos se redoblaban y las consignas aumentaban enérgicamente.

A media tarde anunciaron que se interrumpirían las libertades hasta el lunes y la reacción fue aún mas firme. "Nos vamos a los barrios a buscar las carpas para pasar la noche del sábado en la puerta de la Comisaría haciendo un gran acampe hasta obtener la libertad de todos los detenidos", se propagó impetuosamente y pegó de lleno en los mas altos mandos.

Cerca de las 20 horas del sábado se obtuvo la victoria: la totalidad de los detenidos fue liberada.
Caía la noche en Córdoba cuando la multitud se alejó, victoriosa, de la comisaría.

En la acera, sólo quedaban los rastros de una feroz contienda. Una de tantas.

Guillermina tiene 30 años y colabora en una revista de Ingeniería.

E-mail: gdelupi@hotmail.com