sábado, mayo 21, 2005

Crónica de un sueño de la infancia

Por Itzela Sosa (Cuernavaca, México)

Lucas jugaba a ser feliz, tal vez lo era, nunca tuve a tino preguntarle. Cuando jugaba fútbol con los demás chicos de la clase, casi parecía ser uno más del grupo aunque era marcadamente moreno y muy bajito deestatura. Hace más de 20 años compartimos el mismo aula en aquel barrio marginal de Cuernavaca. Desde que lo vi la primera vez me llamó mucho la atención. Era muy moreno, delgado y con manchas blancas en la cara.

Sus pantalones lucían deslavados, y tenían muchos parches. Llegaba muchas veces tarde a la escuela. Llegaba solo como yo. Éramos muy pocos los niños que llegábamos solos a la escuela a esa edad, en esos tiempos.

Siempre parecía cansado, y con frecuencia se quedaba dormido en plena clase. Siempre me pregunté con qué soñaba. Un buen día, casi un año después de la primera vez que lo vi, la maestra, a modo de castigo para mí que no podía estarme quieta y mucho menos calladita, me ordenó de compañero de butaca a Lucas. Lo hizo para ver si así podía callarme. Tremendo error. Desde el principio congenié con Lucas. Sus manos eran ásperas y oscuras. A los 8 años, sentada en aquella butaca con él descubrí algo que por obviedad desconocía: que no todos los niños iban a sus casas después de la escuela, que no toda la gente comía tres veces al día.

Todos los días después de ir a la escuela Lucas trabajaba, cargaba bultos ycanastos en el mercado municipal. No tenía padre, pero sí tenía muchos hermanos, él era el grande. Vivía en una barranca cercana a aquella escuela:

-Yo no sabía había gente viviendo en las barrancas -le dije un día.

-Uy sí que vivimos ahí, y muchos -me contestó.

Así empecé a saber de Lucas y del mundo. Supe también que cuando su barriga chillaba era de un hambre más hambre que mi hambre. Pero nunca supe de sus sueños.

Más de una vez, con la cara en la butaca abría los ojos a mitad de los regaños de la maestra:

-¿Qué haces por las tardes Lucas que te vienes a dormir aquí?

-Voy al trabajo maestra.

-Despiértate que la escuela no es para dormir, y que venga tu mamá mañana.

Esta escena era casi cotidiana.

Un año después más o menos de la primera charla que tuvimos los pleitos con la maestra por el sueño de Lucas a mitad de la clase terminaron. Lucas no volvió más a la escuela. Nadie dijo nada. Tenía yo 9 años ymuchas más preguntas la última vez que hablé con Lucas. Su rostro moreno, sus manos curtidas, sus manchas blancas en la cara (que hoy sé eran de desnutrición) han sido materia recurrente en estos 20 años transcurridos hasta hoy. No sólo en la memoria, o en los mercados donde abundan los niños cargadores de bolsos y de bultos, también en cada esquina donde me he topado con chicos trabajando.

Creo que cada vez hay más niños como Lucas en el mundo. Cada vez me indigna más saberlo y corroborar que se incrementa el número, las manchas en sus rostros. Lucas me cambió las respuestas y aún más las preguntas que me hacía y que aún hoy me hago en el camino. No lo sabe, tal vez nunca lo sepa, pero me cambio la vida. Y hoy, más que nunca, me gustaría saber con qué soñaba, con qué sueñan los niños como Lucas.