jueves, mayo 05, 2005

¿Balance o crónica? (Mendoza)

Balance de Mario Barraza (Mendoza, Argentina)

Al comenzar a cumplir esta tarea de mi primer curso de redacción periodística, en realidad no sé si voy hacer un balance o una crónica, pero en realidad quiero más hacer una crónica que un balance, porque crónica es literatura y balance es mercado, así que intentaré realizar una crónica de estos tres meses, en los que, creo, empecé a encontrar la palabra.

La historia universal de los despojos puede empezar y terminar por el despojo de la palabra; aquellos que entre, otras cosas, se apoderaron de la palabra y la ocultaron, disfrutaron tanto de su belleza como de su poder, ocultaron para sí la fuerza, el espíritu y todas las oportunidades que da la palabra. Y los desposeídos, entre otras cosas, de la palabra, perdieron para sí su placer, su fuerza, sus oportunidades, su belleza. Y a mí me tocó nacer en esta vida entre estos últimos desposeídos.

Hace ya muchos años, sin darme cuenta, ando detrás de la palabra, busco la palabra, por aquí, por allá, por el derecho, por la literatura, por el cine. Y me ha sido esquiva, me ha sido reacia.

Ciertas veces he tomado un café con ella, pero en grupo, no a solas; he tenido contactos espaciados e indirectos, en ciertas ocasiones me ha mirado, y a veces hasta me ha sonreído tenuemente, como dándome un trato personalizado, pero en muchas épocas directamente no se ha fijado en mí. Yo, por mi parte, en forma torpe, burda y estúpida he seguido mi búsqueda.

Ante tanta insistencia, un día me llegó un mensaje a mi máquina en esto de internet, o ciber
espacio, o fibra óptica, en el cual un tipo al que alguna vez admiré y alenté en su terrible historia contra la corrupción y el despotismo ignorante, no ilustrado, de un gobernador de provincia, me invitó a realizar un taller de redacción periodística y en mi torpe búsqueda de la palabra dije: "Bueno, entre tantas cosas que he hecho, porque no probar con ésta". Pregunté de qué se trataba. Laura me contestó y le puse pilas. "Vamos a ver de qué se trata", pensé. No imaginaba, en mi torpe búsqueda de la palabra, que aquí me iban a indicar que camino debía seguir.

De pronto me encontré con Luciana, con quien de a poco empezamos a compartir este espacio cibernético tan reacio para mí como si fuera una conversación personal en un cafecito de una calle cualquiera de Buenos Aires. Justo al llegar a la esquina, no en la esquina, (así me gustan los cafés). "Mario -me dijo- no tenés mayores problemas de redacción y tenés buena capacidad de descripción". Y destacó lo importante que es este atributo. Eso sólo me bastó para sentirme bien, cómodo, entusiasmado. Luego, por supuesto -yo ya lo sabía- vino un arsenal de correcciones muy bien expresadas, sin herir mi susceptibilidad y además alentándome siempre a corregir mis errores. Yo sabía que iban a ser múltiples, como efectivamente fue y siguen siendo (ya estarás, Luciana, corrigiendo mis desacomodos con la palabra). De repente me encontré en Buenos Aires, en un café-librería, tratando de acaparar las ausencias de Manguel, que nos dijo en su entrevista: "Leyendo La invención de Morel, se me ocurrió que para mí Buenos Aries es un poco como esa isla de proyecciones de fantasmas. Lo que se ve son las ausencias de personas, acontecimientos que recuerdo.Nosotros hablábamos en los cafés, de literatura, de pintura, de filosofía, nunca con un enfoque nacional, nunca dando más importancia a que un autor fuera argentino, (esta coma no está en el texto) a que nos gustase". Por favor, me dije, como nos han robado la palabra, los apropiadores no tienen límites.

Gracias Hernán, por liberarme hoy de los caracteres y los espacios, porque tengo muchas ganas de escribirte, de escribirles a Laura y a Luciana, todo lo que significó para mí este pequeño curso de redacción. Tal vez ustedes dirán que exagero, pero significó nada y más y nada menos que descubrir por primera vez en mi vida un camino cierto para encontrar la palabra., que hace muchos años ya ando torpemente buscando. Tengo mi copa ya vacía, mi habano a la mitad, mi biblioteca arriba de mi cabeza, cansada por hoy, papeles en el piso, y ya pasaron Piazzola con Goyeneche (banda de música de la película Sur), y está pasando Caetano Veloso y yo sigo aquí realizando este balance o crónica de un curso de redacción periodística.

Miren que cosa, Caetano Veloso, está cantando Vuelvo al sur. De la tristeza de Manuel, que hice mía, no sólo por la experiencia argentina, también evoqué que el 13 o el 18 (ahora no lo recuerdo) de setiembre de 1973 mataron a Víctor Jara (de chico solía escribir poemas y firmaba Alexis Jara), y el 23 de setiembre del mismo año murió Pablo Neruda, lo cual no hace más que reafirmar mi dolor y tristeza, pero ojo, no es el fin, rescato su mensaje, sus prosas, sus palabras, sus poemas, su lucha, su dignidad, y aquí estoy. De esta tristeza pasé rápidamente a la audacia y belleza de Bertold Brecht, en sus cinco dificultades para decir la verdad, que atento a la fecha en que apareció dicho escrito (1934) y los acontecimientos inmediatos posteriores que ocurrieron en Alemania, me dieron no alegría, pero sí optimismo en que la palabra, a pesar de todo esto, aún estaba viva y debía seguir buscando, con valor, inteligencia, arte y arma, confianza, astucia, todo por la verdad. Y así pasé de la crónica, donde mi hijo Pablo tuvo un papel protagónico, a la descripción de una hermosa y rica comida cubana. Y ya estaba en el camino, en el juego de la palabra bien ubicada. Me adentré en la coma y Hernán me deleitó con los ritmos de la narración, del buen uso de la coma, del punto, del valor de los silencios, esto me dejó perplejo, para un futbolista, como yo, los ritmos, los silencios, los momentos de pausa, son lo más bello del juego, saber que en esta búsqueda de la palabra debía, como en el fútbol, aprender a manejar los ritmos, los silencios; no todo es escribir, también hay que saber parar, silenciar el texto, apurarlo, y meter (perdón) o ubicar la palabra justa en el momento en que el lector menos la espera, y así llegar al éxtasis de texto bien encontrado, para poder decir lo que se quiere decir con la mayor belleza posible (perdón por la comparación).

Amigos, les cuento que en estos momentos nos acompaña Sabina. Un gran momento de este curso, fue la segunda crónica que tuve que realizar, donde encontré la forma de mezclar el arte con el derecho, al describir, narrar y contar el debate penal de Liliana me sentí muy bien, pero no tanto como cuando se lo regalé a Liliana, un mes después de su absolución. Sus lágrimas y su alegría fueron para mí un gran premio, más premio aún que el vino que me regaló, que ahora no sé cómo tomármelo: tanto vale para mí ese vino que si me lo tomo tengo miedo de olvidar ese momento.

Luego vino la autosemblanza y la verdad que hoy que la leí puedo decir que no me gusta. No creo que sea por su redacción, sino más bien por su contenido; le di mucha importancia en mi vida a ese chacal que hoy no pienso nombrar; quiero prometer no escribir nunca más una autosemblanza si es que tengo empezar así. Me dije: yo no empecé a vivir seis años antes del golpe de ese hijo de perra, yo empecé a vivir en mil novecientos sesenta y siete en Chile, siete años después crucé la cordillera para conocer este país maravilloso. Y me enojé conmigo mismo, mucho, en serio, mucho. Les pido encarecidamente que a esa autosemblanza la rompan y hagan de cuenta que a ese trabajo se los debo, si quieren me aplazan, levanto la nota con otros trabajos pero no pidan que haga otra autosemblanza hasta que le dé más valor, por ejemplo, a mis padres, a ese país tan bello que es Chile y su rica historia, y no ese a chacal.

En las vacaciones de 1981 trabajaba, luego de aprobar primer año del secundario, en un taller de chapería y pintura, y una noche me di cuenta de que había rechazado dos invitaciones: una, a un partido de fútbol; otra, a una fiestita (de niños o chicos de trece años). ¿Todo por qué? Por el profundo cansancio que me había producido ese arduo día de trabajo en el que me la pasé lijando un auto; tenía los hombros y la espalda muy doloridos y me di cuenta de que al otro día a las ocho de la mañana tenía que estar haciendo lo mismo y que tal vez, a la noche siguiente volvería a rechazar invitaciones a otras cosas, en fin, a vivir, y me pregunté: ¿la vida de un trabajador es siempre así? Me propuse desde entonces que mi vida no sería así, debía encontrar la forma de vivir dignamente, pero vivir, ¡debía vivir! Por eso busqué hacer la semblanza de ese hombre tan común Sergio Miguel Muñoz, que poco a poco, a medida que lo conocía, me hacía acordar a esa noche adolescente, en la que decidí vivir. Vi en él el ejemplo de lo que yo no quise ser, y me dio una profunda tristeza saber que como él, muchas personas no tuvieron opción, o sí, no sé. En fin, eso es lo que para mí significa no vivir, por eso quise rescatarlo de su anonimato. Según Luciana, fue uno de mis mejores trabajos, o el mejor, lo cual me emocionó profundamente.

Luego, mis atareados días me obligaron a un silencio, a una pausa; le dije a Luciana que no me quería apurar, porque estaba disfrutando mucho este curso, y no quería dejar pasar por alto las correcciones, los comentarios, los textos anexos -que realmente eran muy buenos- y rompí vuestro esquema, perdón por eso, pero bueno al final creo que hice bien. Ramonet me dio una lección al respecto. Hice un trabajo rápido, apurado, y así salió. Lo que más me molestó fue usar palabras demás sin decir lo más importante, y me dije que si yo lo que buscaba era la palabra, no debía abusar de ella porque se me iba el objetivo. Estaba encaminado correctamente, pero esos momentos de apuro me alejaban del buen camino, por eso cambié el ritmo.

Entiendo que ustedes tienen sus tiempos y los respeto, pero prefiero hacer menos trabajos y no alejarme del camino que me han enseñado para buscar y encontrar la palabra, y dejar de ser así, un despojado de ella.

Sin embargo, hoy quise cumplir con este balance o crónica, para que puedan tener en vuestra evaluación mi humilde aporte. Tengo a este respecto, una pregunta y una sugerencia. La pregunta, que es esto, pregunta y nada más: Hernán: ¿Por qué destacas tanto la frase "jamás de naturaleza científica, buena fortuna" Pregunto esto porque estoy cursando un postgrado de epistemología y metodología a fin de iniciar mi tesis de doctorado y la verdad que cuando me dan las características de lo que se entiende por ciencia, hay dos de ellas a las que me resisto y tengo un fuerte debate con los profesores. Una es la objetividad (hoy encontré palabras de Umberto Eco que me dan la razón) y otra es la pertenencia de la ciencia a un medio burocrático que la evalúe y la solvente. Por eso te lo pregunto.

La sugerencia: me hubiera gustado, y siempre busqué encontrar un correo en el que me escribieras personalmente. Sé de tus obligaciones e imagino tu poco tiempo o ganas, pero en las doce clases, al menos una, no hubiera estado mal.

Finalmente, les cuento que no me atrae mucho la tarea del periodista, pero me di cuenta, por Ramonet, Eco y hoy por Alejandra Costamagna, que el límite entre el escritor y el periodista es muy difuso y a veces casi inexistente, como el famoso caso contado por García Márquez de Janet Cooke.

Me atrapó la crónica y desde ya les cuento que pretendo realizar el curso de Crónica, que creo será más profundo que lo aquí pudimos ver. No se cuando, ahora en mayo no puedo, pero si lo hacen otra vez, me haré un tiempo. Luego me gustó la descripción y la semblanza, como elementos para utilizar en una novela o en un cuento.

Al fin me despido, la casa ya está en silencio, todos se acostaron y la música cesó, creo que he hecho un balance no una crónica, y me dejo la oportunidad de volver sobre el curso en una crónica más buscada y hermosa, y dejo esto como un balance.

Hasta pronto, muchas gracias.