martes, abril 12, 2005

Sacerdotisa de la pintura (Puebla)

Por Rocío Bauza (Puebla, México)
Taller de Redacción Periodística

Son tus cuadros, mezcla de ciencia y poesía, fantasía y alquimia, arte y sensibilidad, un recorrido por la geografía secreta de tu mundo cósmico.
María de los Remedios Varo y Uranga, el 16 de diciembre de 1908 naciste en Anglés, Provincia de Gerona, España. Era tu madre originaria del País Vasco; tu padre, andaluz, especialista en hidráulica, quien te enseñó dibujo técnico. Estudiaste en un colegio de monjas, después en la Academia de San Fernando, en Madrid, de donde escapaste con tu compañero pintor Gerardo Lizarraga, atrevimiento que años mas tarde representaste en "La Huida".
La guerra civil española y la ocupación nazi fueron parte de tu vida, por lo que te alejaste de Europa y, en 1941, México no sólo te dio asilo, sino la tranquilidad para poder expresar la etapa más importante de tu obra artística. Incursionaste por escuelas de vanguardia: la de Cataluña y posteriormente el surrealismo, formado por André Breton en París creando el grupo Lógicofobista, "opuestos a la lógica", que intentaba la representación externa de los estados íntimos del alma. Fue entonces cuando pintaste tu óleo sobre cobre, L´Agent Double, que anticipaba el estilo que desarrollarías quince años más tarde.
Muchos conocedores catalogan tu obra dentro del surrealismo; sin embargo, ninguna mujer fue puesta en la lista oficial de miembros del movimiento surrealista. Pensaban en la mujer como mediadora entre la naturaleza y el subconsciente, una musa, una amante y un objeto de los deseos de los hombres. Las mujeres como individuos no podían expresarse libremente y tú pintaste a la mujer en la perspectiva de tu propia experiencia, creando un espacio para lo racional en un mundo de fantasía.
El argumento obsesionante de tu obra no es este mundo exterior que nos rodea, sino el mundo interior: "el yo". Y lo representas recurriendo a múltiples metáforas, ahí donde aparece un solitario ser humano de ojos almendrados distraídos, llevado por un poético vehículo, una maquina que no gobierna. También el tiempo se te rompe en pedazos y así lo representas. Cada cuadro tiene sus símbolos y sus misterios. No se te puede catalogar entre los surrealistas, ya que estos no pretenden jamás expresar ninguna idea. Todo lo tuyo tiene sentido y significación, como una sacerdotisa de una religión antigua.
En 1952 te casas con un político austriaco refugiado en México, Walter Gruen, con quien permanecerías hasta el día de tu muerte. Fue él quien te convenció para que dejaras los trabajos comerciales y te dedicaras de lleno a la pintura.
Elegiste los elementos de tu ambiente, las calles, los bosques, tus recuerdos, tus miedos y tus sueños para que crearan sus propias luces y sombras. Con una técnica minuciosa e intensa, lograste que cualquier espectador se introduzca en tu mundo mágico de líneas y texturas, de música y de inventos, donde tus huellas deambulan por ellos. Tu producción artística alcanza más de 360 obras plásticas, una escultura hecha de huesos de pollo y un volumen de relatos y cartas a personajes imaginarios escritos con la magia de tu pintura.
Fue en 1963, a los 55 años, que un último latido te condujo de regreso a tu enigmático universo, donde seguramente habrás encontrado los mundos interiores de la mujer sensible y única que fuiste.