martes, abril 05, 2005

Hasta pronto

Agradezco sobremanera las palabras que me han enviado. Saber que estas doce jornadas han sido de utilidad, que a muchos les han servido como estímulo o aguijonazo para desentumecer la mano y echarse a escribir con libertad, comporta una enorme alegría. Y no era otro el propósito, porque no soy un académico y jamás logré ajustarme con disciplina a los preceptos clásicos del periodismo. Llegué a este oficio porque andaba buscando empleo y me gustaba escribir. Simplemente.

Entre los balances hubo, desde luego, una que otra voz insatisfecha; también, alguna que exhalaba cierta desilusión. "Secretamente", me confesó Alvaro Tutti, "deseaba que la cosa derivara hacia lo narrativo, hacia el desvarío, más que hacia la lógica periodística, a la meticulosidad".

Quiero detenerme en las palabras de Tutti porque considero que guardan íntima relación con aquello que, desde la primera jornada, les propuse como punto focal del taller: la ruptura del molde clásico a partir del arrojo, del atrevimiento.

La narrativa no es otra cosa que la habilidad para referir o contar las cosas. Y, ¿qué hace un periodista sino contar e interpretar y analizar sucesos, hechos, acontecimientos de la presunta vida real? La palabra es su herramienta; usarla con destreza, su obligación. Narrar. De eso se trata, y el periodismo escrito, digo, es un terreno insondable y poco explorado para hacerlo.

A mi juicio --lo he dicho mil veces--, el periodismo es una rama de la literatura. Narrar, por lo tanto, manejar con habilidad y seducción la palabra, no es de modo alguno una actividad maquinal: es un acto creativo. Toda noticia, hasta la más insignificante, puede ser narrada de mil maneras. La construcción de un puente férreo con el lector depende del esfuerzo y de la capacidad del narrador/periodista.

Si mal no recuerdo, en uno de los mensajes generales de este taller transcribí una reflexión de Juan José Saer que, me atrevo a decir, resulta un claro compendio de todo lo dicho anteriormente:

"El mundo es difícil de percibir. La percepción es difícil de comunicar. Lo subjetivo es inverificable. La descripción es imposible. Experiencia y memoria son inseparables. Escribir es sondear y reunir briznas o astillas de experiencia y de memoria para armar una imagen determinada, del mismo modo que con pedacitos de hilos de diferentes colores, combinados con paciencia, se puede bordar un dibujo sobre una tela blanca".

Les mando un fuerte abrazo.

Será hasta pronto.

Hernán López Echagüe