martes, abril 12, 2005

Charly: un grande (Buenos Aires)

Por Mercedes García (Buenos Aires, Argentina)
Taller de Redacción Periodística

Nació el 23 de octubre de 1951. Hijo de familia de músicos, a los tres años ya tocaba el piano y todo indicaba que se convertiría en un consagrado compositor. De alguna manera los astros no se equivocaron.. Ése niño que a los seis años tocaba sinfonías completas de Bach al piano, promesa y orgullo de su padre concertista, a los quince decidió cambiar de escenarios. La música de los Beatles se le apareció como algo diferente y no dudó en cambiar el frac y el público culto por los jeans y las grupies. A partir de ese momento hace su aparición en el rock nacional argentino y en la vida de cada uno de nosotros. Formó bandas míticas. Sus discos solistas contienen clásicos del rock nacional.
Es alto, altísimo; y flaco, flaquísimo. Todo su cuerpo es anguloso y sus movimientos oscilan entre la elegancia de la Pantera Rosa y el atropello de un niño. Su mirada es oscura. Sus manos, grandes y expresivas. Un lunar en la sien es responsable de un personalísimo bigote bicolor. Otro rasgo distintivo, y no menor, que ostent a es poseer oído absoluto. Eso significa que a cada momento del día y sin poder evitarlo, percibe que todos los escapes de la ciudad de Buenos Aires están en Re mayor, que su vecina llama a su perro en Si sostenido y que el chirrido de la puerta de la heladera al cerrarse comienza en Fa y termina en La.
Difícil imaginar un mundo de sonidos, un mapa donde cada barrio tenga un ritmo, cada hora del día una melodía, cada anochecer su sinfonía.. Difícil imaginar alguien que viva en ese mundo. Difícil tratar de vivir en este mundo viviendo en aquél.
Su público es heterogéneo e incondicional. Desde niños y adolescentes a padres de familia concurren a sus shows sabiendo que García es sumamente imprevisible. Puede ocurrir que toque cuatro horas sin parar, que el público esté parado cuatro horas esperando que toque o que toque cuatro minutos, pare y no vuelva más.
Es un ícono argentino, como el mate, el tango y Maradona. Es el niño rebelde de la escena nacional. Dice lo que no hay que decir y hace lo que no hay que hacer, pero qué bueno que lo hace. Por eso todo se le perdona, simplemente porque "es Charly".