miércoles, abril 27, 2005

Aula virtual (Puebla)

Balance de Rocío Bauza (Puebla, México)
Taller de Redacción Periodística

Cuando encontré en mi correo la invitación para este curso, mi primer impulso fue enviarlo a la papelera sin siquiera abrirlo. Pero mi curiosidad me detuvo. ¿Quién me lo enviaba? ¿Quien conocía mi gusto por escribir? Hasta la fecha estas preguntas siguen sin respuesta. La única respuesta que conocí fue la mía: mi confirmación de querer iniciar esta aventura cibernética.
Ya habiendo hecho los trámites, esperé con mucha expectación a que fuera el jueves señalado para enterarme en qué me había metido.Al leer las encomiendas y la manera de trabajar, tuve mi primera preocupación. ¿Cómo iba a hacer para que el fin de semana tuviera yo listo el material? ¿Qué iba a decir?
Escribir algo especial o por encargo me resultó, la primera vez, más que estresante. No sabía por dónde empezar, ni qué tema escoger. Párrafo que iniciaba, sin remedio, a los tres renglones desaparecía.
Después, la espera para conocer los comentarios personales. Las observaciones de Laura fueron siempre muy precisas y atinadas. Hicieron que pusiera atención en los errores cometidos. Las advertencias y sugerencias no sólo enriquecieron el escrito sino que motivaron mi atención para que en el próximo envío no volviera a cometer los mismos errores. Cosa que no sucede aun, pero ya no me dejo llevar por el impulso de poner comas o puntos donde yo decido.
Debo confesar que no siempre tuve tiempo suficiente para hacer un trabajo cuidadoso. Una que otra vez estuve a punto de no mandarlo, porque sentía que lo que estaba escribiendo no se ajustaba a los requerimientos solicitados y el comentario sería que mejor me dedicara: ¡a cantar!
Al pasar las primeras semanas empecé a relajarme y a escribir con más soltura que al principio. Y creo que fue cuando mas disfruté de este curso. El asunto de la entrevista creo que fue lo que mas dificultad me dio.
Los anexos que enviaban cada semana, los imprimía, ya que no me gusta leer mucho en la computadora y los llevaba conmigo durante el día para que en cualquier ratito que tuviera libre les diera una leída y encontrara lo que sería mi tema para esa semana. Ahora tengo todos estos papeles en una carpeta, con apuntes y comentarios personales como testimonio de esta escuela virtual.
La experiencia me ha parecido muy enriquecedora. Pude conocer otra manera de compartir un aula y constatar que a pesar de las distancias existe cercanía en el diálogo y que uno no está frente a un monitor, sino frente a todo un grupo de amigos que escuchan con atención lo que cada uno ha escrito. Seguramente el futuro de la educación será este. Uno decidirá cuándo y a qué hora estudiar. No dudo que puede ser la solución a muchos problemas que actualmente evitan que las personas puedan concluir sus estudios. Sin embargo, a mí me gusta más el sistema tradicional, ahí donde puedes intercambiar el saludo matutino, donde puedes interrumpir al maestro con alguna duda, ahí donde las sonrisas te dicen mas cosas que las palabras, a pesar de que este curso es sólo de palabras.
Por lo pronto hasta aquí dejaré mi comentario, no sin antes agradecerles su paciencia para conmigo y por haber compartido su valiosa experiencia de una manera tan sencilla que puede ser accesible para todos.